Tuesday, September 08, 2009

Hampi (Karnataka, India)

Algunos de los templos que se pueden visitar y disfrutar casi en soledad ya que hay tantos que los visitantes se reparten entre los cientos de enclaves a elegir.


Hampi: 15.08.09 - 19.08.09

Nada más bajarnos del tren cogimos un rikshaw a Hampi, con la suerte de encontrar por el camino una fiesta local: hombres y niños con los torsos desnudos y pintados en procesión iban cantando al ritmo de tambores con su dios al hombro mientras las mujeres observaban para acabar todos sentados en el templo rezando. Buen comienzo para uno de los lugares más interesantes del sur de la India.

Festival que encontramos de camino a Hampi y que paramos a observar: cánticos, ídolos, pinturas, ritos.

Una de los lugares sagrados más importantes e interesantes del sur de la India, ya que tanto Hampi como sus alrededores están llenos de ruinas y templos, más de 500, algunos mejor conservados que otros. Y es que, allá por los siglos XII al XV, la entonces llamada Vijayanagara fue la capital del imperio, una megalópolis que contaba en plena Edad Media con más de 500.000 habitantes, convirtiéndose así en la segunda ciudad más grande del mundo de entonces, y que decayó debido a las invasiones de los mongoles.


Uno de los templos mejor conservado de la zona y al que acuden turistas indios cada día alegrando las mujeres con los vivos colores de sus saris los edificios que visitan.

Hoy Hampi no es más que un pequeño pueblo a la orilla de un río sagrado, al que vienen los peregrinos a lavarse y purificarse de manera similar, aunque en menor escala, a lo que ocurre cientos de kilómetros al norte en su gran hermano, el majestuoso Varanassi, a la orilla del Ganges.

Peregrino preparándose para hacer noche en el templo principal de Hampi, templo vivo ya que los visitantes son recibidos con comida gratuita y utilizan sus suelos al caer la noche para dormir.


Casas de adobe o piedra, algunas construidas entre columnas de un antiguo templo, muchas pintadas de blanco; calles peatonales por las que discurren todo tipo de personajes, ya que peregrinos de toda la India se acercan a Hampi cada uno con sus vestidos tradicionales, alguna moto y rickshaw y muchas vacas; tiendas para turistas, sastres, restaurantes y guest houses; y templos, mires por donde mires hay templos.

Milenario templo que es utilizado como casa por una familia de Hampi, increíble escena que se repite por toda la ciudad, un salto en el tiempo, ya que los templos no son elementos arquitectónicos a admirar sino que en este caso aparecen vivos ante nuestros ojos, transportándonos de esta manera a un pasado que en otros lugares del mundo hemos de imaginar.

El principal templo de la antigua Vijayanagara, el llamado Virupaksha, está hoy en muy buen estado y constituye tanto ahora como en el pasado un centro religioso alrededor del cual se encuentra hoy Hampi. A este lugar se acercan peregrinos hindúes para honorar a sus dioses y pasar la noche en sus suelos de piedra.

Templo principal de Hampi lleno de vida durante el día: peregrinos rezando, paseando, comiendo, cantando y, como siempre, compartiendo espacio con las sagradas vacas.

Es una auténtica experiencia el acercarse al templo al caer la noche, ya que los peregrinos hacen una fiesta de su estancia en el mismo y tras cenar (la comida es repartida gratuitamente por el templo) muchos se juntan a cantar, mientras otros charlan con sus nuevas amistades o se echan a dormir sobre el suelo de piedra, cosa impensable para nosotros pero normal para ellos, ya que incluso teniendo cama en casa, la mayoría escoge dormir sobre el suelo, mientras que otros duermen sobre una cama hecha de cuerdas entrecruzadas que sacan a la calle para estar fresquitos, por lo que al pasear a partir de las 22 por las callejuelas de Hampi uno se va encontrando con camas y mosquiteras a las puertas de las casas y cuerpos que parecen bultos desperdigados por los suelos, sobretodo del templo.

El templo principal de Hampi por la noche, donde los peregrinos encuentran refugio por la noche, cuando tras cenar y cantar aprovechan para acostarse sobre su duro suelo, al que los indios están acostumbrados ya que muchos de ellos no utilizan camas para dormir.

Para recorrer todos los templos se necesitarían varios días; uno para pasear tranquilamente por el pueblo, y descubrir en cada esquina un monumento ancestral, otro para andar por los alrededores del río y subir a las rocas que pueblan el paisaje, enormes peñascos rojizos y redondeados sobre los cuales hay en ocasiones templos construidos desde los que se puede disfrutar de un precioso atardecer; y al menos un tercer día para aventurarse a conocer los templos más alejados, para lo cual es aconsejable tomar un medio de transporte, que puede ser un rickshaw, una bici para los más deportistas o una moto que se puede alquilar durante todo el día y que es una forma muy divertida y autónoma de conocer el lugar y los pueblos colindantes.

Enormes peñascos redondeados salpican las montañas que rodean a Hampi y sobre los cuales también hay templos construidos desde los que da gusto ver al Sol levantarse o ponerse sobre el valle donde está Hampi, acompañados normalmente de decenas de monos que pueblan estos lugares.


Con una moto recorrimos los alrededores de Hampi visitando, además de algunos de los templos que pueblan la zona, pueblos a los que no suelen acercarse los turistas, por lo que nuestra llegada atraía a los lugareños que curiosos nos rodeaban para charlar un rato e intercambiar historias sobre nuestras vidas.

Niñas de uno de los pueblos a los que llegamos con la moto, foto tomada nada más llegar y antes de ser rodeados por todos los habitantes del lugar con los que intercambiamos miradas de curiosidad y simpáticas sonrisas.


Tuvimos la suerte de pasar por un templo-monasterio viviente en el que paramos no por su aspecto algo decrépito sino por los cánticos que salían de él. Al entrar en el templo vimos vacas y sadhus, hombres que han decido vivir apartados del mundo para pasar el día rezando, cantando y cuidando de sus vacas. Una vida sencilla, que al parecer les hacía muy felices ya que a pesar de las dificultades de la comunicación (no sabían inglés) pasamos unas horas con ellos, haciéndoles fotos, escuchando sus cánticos y observando como alababan a su dios, el mono, con inciensos y cascabeles. Una ceremonia que parecía sacada de una película, un lugar de otra época, unos personajes barbudos con eternas sonrisas que nos invitaron a comer y beber té.

Sadhus de verdad, hombres que encontramos en un templo-monasterio viviente donde pasamos unas horas observando sus rituales de alabanza al dios mono, charlando y bebiendo té.

A nosotros se nos hizo corta la estancia en Hampi, pero es que teníamos que marchar ya que no disponíamos de suficiente tiempo para todo lo que queríamos hacer, pero la verdad es que uno puede quedarse en este lugar 1 semana o más, ya que además de los templos, Hampi es un lugar que se lo pone fácil al turista, tanto que yo creo que ha sido el lugar de la India donde más familias de turistas hemos visto, sí chicos, sí, se puede viajar con niños a estos lugares, es más, sale mucho más barato venir a un lugar como este con tus hijos de 5 a 15 años que las típicas vacaciones en cualquier playa europea, ya que los precios de alojamiento y comida son tan bajos que compensan el del avión, y no hay que preocuparse por los estómagos selectivos ya que los menús incluyen ricos platos occidentales para los que están cansados del especiado menú indio. Ni que decir tiene que si os decidís a viajar a un lugar como este con vuestros hijos será un verano inolvidable para toda la familia, pero sobre todo para los chicos que a esas edades suelen tener una visión del mundo bastante limitada y a quienes les abriría los ojos ver una cultura tan diferente a la suya, ver cómo viven personas de su misma edad que han nacido en un lugar distinto al suyo. Ésto es lo que me atrae a mí de viajar, luego supongo que a un chico en esa edad mucho más.

Niñas con las que estuvimos jugando y a las que les encantan los turistas y que les hagan fotos ya que nunca antes se han visto en la pantalla de una cámara digital.


Y para los jóvenes con ganas de aventura y de fiesta debo decir que aunque Hampi es una ciudad sagrada y como tal en ella está prohibida la venta de alcohol, es un lugar lleno de turistas con los que hacer amigos y por lo tanto hay varias opciones para pasarlo bien ya que siempre puedes traer tu propia bebida de la ciudad más cercana, Hospet, donde te deja el tren o ir a algún restaurante en el que de estrangis te dan de beber, como el , y si no, siempre está la opción de cruzar el río para quedarse en el pueblo de enfrente que no tiene ley seca y donde se suelen hospedar los turistas más fiesteros, perdiendo así el encanto de estar durmiendo en el pueblo con los peregrinos y de empaparse de la cultura india, pero disfrutando de alojamientos más baratos que en Hampi y de cervezas y fiestas todos los días.

Las calles de Hampi al caer la noche quedan vacías a excepción de las vacas que pasean a sus anchas por donde les place y de los lugareños que, en muchas ocasiones, sacan una rudimentaria cama hecha con 4 palos y unas cuerdas para dormir en la calle en lugar de en el interior de sus casas.

Eso sí, creo que debo advertir de uno de los mayores peligros de la India, que son los famosos BHANG, y que te los venden como batidos (bhang lassi) o bolas de chocolate o cualquier tipo de comestible en el que se supone que han añadido hashis, pero que a muchos turistas sientan muy mal. De 3 personas que tomaron una bola de bhang en uno de estos restaurantes en los que se consigue lo que quieras extraoficialmente, 2 lo pasaron fatal: uno estuvo toda la noche tiritando con fiebre alta y síntomas que le hicieron pensar que tenía malaria, por lo que convenció a su compañero de viaje a las 2 am para que le acompañara al hospìtal más cercano que estaba en Hospet, a una media hora de Hampi, y donde le ingresaron para aliviar su miedo a la mañana siguiente y explicarle que no tenía malaria; y el otro pasó 2 días fatal, vomitando, con pesadillas, algo de fiebre y muy mal cuerpo. Y los 2 eran chicos que fumaban hashis habitualmente, y lo habían ingerido con anterioridad, pero el problema es que realmente no sabemos qué llevan los bhang. Así que un consejo: fumad lo que queráis pero no toméis los bhang.


Bar-restaurante de uno de los pueblos a los que llegamos en moto, donde poco a poco se empezaron a congregar los lugareños para ver a los extraños seres pálidos, de ojos claros que tan exóticos les parecen.


Curiosidades:

Bueno, en la India hay que tener mucho cuidado siempre con aquéllos que tratan con el turista, especialmente con los de las agencias de viajes, y aquí tuvimos una experiencia muy desagradable con una agencia en particular SAI-travels a la que no vayáis nunca porque el tipo es un mentiroso compulsivo que intentará engañaros como sea.

La verdad es que si podéis hacerlo, evitad las agencias de viajes de la calle principal que va a dar al templo, ya que hay muchas más agencias en las callejuelas del pueblo que son bastante más honestas que estas, que juegan a intentar ganar tu confianza para que después levantes la guardia y te la endiñen... Por ejemplo, si queréis cambiar dinero, la mayoría de los cambistas os ofrecerán un cambio algo peor que el oficial, pero de pronto alguno te ofrece el cambio casi oficial y tú piensas "joder que tío más honesto" y a partir de ese día empiezas a hacer otros negocios con él, como la compra de billetes de tren que es donde aprovechan para sacarte un dineral, como hizo el miserable de SAI-travels, quien nos engañó 1800 Rp, que menos mal que nos dimos cuenta y tras muchos problemas y amenazas con llamar a la policía y gritos por su parte, logramos que nos devolviera el dinero, pero es que te hace perder tu tiempo, enfadarte y encima intenta que te sientas mal, porque ponía excusas estúpidas como que no se había dado cuenta y tenía la poca vergüenza de gritarle a Jordan y llamarle mala persona porque él pobrecito no sabía nada y porqué nosotros le hacíamos esto a él... qué paciencia hay que tener a veces de verdad, pero sobretodo que ojo hay que tener para que no te timen.

En la India hay que tener cuidado con los timos en general, ya que la gente en un intento desesperado de ganarse la vida utiliza el ingenio para alimentar a los suyos. Así que desde las agencias de viajes que te engañan hasta los sadhus falsos, hay que andar con ojo y saber jugar el juego sin caer en la trampa.

A los que vayáis a comprar el billete de tren a través de un travel agent y no de la estación, os aconsejo que conozcáis el sistema a la perfección, el cual es así:

Todos los trenes tienen varios tipos de clases y de billetes.

1) Clases, cada una con un precio más alto que la anterior:

a) Hard Seat, son los asientos duros que ningún turista coge porque la verdad es que son bastante incómodos y están llenísimos de gente ya que los indios sin dinero utilizan esta forma de viaje porque los inspectores no suelen revisar estos compartimentos.
b) Sleeper, son los asientos que se hacen cama por la noche, donde aunque hay ventiladores suele hacer bastante calor
c) 3 AC, son sleeper como el anterior pero con aire acondicionado, por lo que es bastante más seguro si viajas largas distancias, ya que por la noche cierran con candado las puertas de acceso al compartimento, además no te pegas a los asientos aunque a veces puedes incluso pasar frío, y los ocupantes de estos compartimentos suelen ser indios de clase más alta por lo que suelen hablar inglés perfecto y así puedes hacer un intercambio cultural. Eso sí, las ventanas están cerradas por lo que para ver el paisaje merece la pena irse a la puerta, abrirla y sentarse en el quicio a ver el país pasar.
d) 2 AC, son sleeper pero en lugar de 3 camas una sobre la otra hay 2.

Nuestra vecina de Hampi, asomada a la puerta de su casa viendo las vacas pasar.

2) Tipos de billete:

a) General Quota, es el normal que se compra por internet, el primero que se mira, el del precio más barato
b) Women Quota, hay unos sitios separados para las mujeres sólo
c) Elder Quota, hay unos sitios para los ancianos
d) Tourist Quota, hay unos sitios reservados para los turistas, hay que pagar 300 Rp más.
e) Tatkal Quota, son unos sitios que se reservan como cuota de emergencia para los que deciden comprar el billete a última hora, por lo que te cobran un suplemento que funciona así: 75 Rp extra por persona si se viaja en Sleeper y 300 Rp extra por persona si se viaja en AC.

CUIDADO, aquí es donde te la juegan los agentes de viajes, ya que a lo mejor te venden un billete que es General Quota y te añaden por el morro 300 Rp extra diciéndote que es Tatkal y encima tú cuando recibes el billete te das cuenta de que vas en Sleeper y no en AC...

Vistas desde uno de los cerros colindantes de Hampi y su valle plagado de templos, tantos que es difícil encontrar tiempo para visitarlos todos.

Así que mi consejo es este: cuando vayáis a una agencia mirad bien lo que os dicen, no les déis el dinero hasta ver el e-ticket, que muchas veces no es más que un folio donde pone la hora, destino y donde debe poner el precio desglosado de cada parte que te cobran, si no está sospechad, y fijaos si pone Tatkal Quota o General Quota y si tenéis asiento reservado o no, porque si pone WL significa Waiting List, es decir que no tenéis asiento y quizás os intenten vender la moto de que sí que tenéis.

En fin que este tipo de SAI-travels nos mezcló trucos de todos los tipos el muy miserable: nos cobró por Tatkal cuando no era Tatkal, nos cobró por Tatkal AC cuando era Sleeper, nos cobró por asientos que no estaban reservados... y es que tuvimos la mala suerte de fiarnos de él y comprar con él 4 billetes de tren para cada uno, claro que nuestra furia fue tremenda cuando nos dimos cuenta y pasamos todo el último día peleando para que nos devolviera el dinero, y cuando por fin lo hizo, tuvimos que correr a otra agencia a que nos reservara esos billetes y casi nos quedamos sin sitio en el tren... claro que eso nos dijeron pero la realidad fue, como descubrimos después, que además de todas estas cuotas que tienen por internet, la estación siempre se queda con unos tickets extra para vender en ventanilla, así que aunque en el ordenador del travel agent aparezca "not-available" no significa que no hay sitios.

Agencias de viajes de las que sí que os podéis fiar en Hampi: Siva, Copi.... y supongo que algunas otras


Os dejo con esta imagen de unas ruinas comidas casi por la vegetación tropical. Calor, palmeras, templos, relax, cultura, ambiente, buena comida, rituales espirituales... esto es Hampi, sin duda uno de los lugares más interesantes del sur de la India.

Sunday, September 06, 2009

Sivananda Ashram (Kerala, India)

Pabellón central de Sivananda Ashram, Kerala, en una de las charlas de la mañana que suele tener lugar tras la meditación y cánticos con las que se despierta antes de desayunar y a la que se ha unido un shadu (vestido de naranja) que iba de paso y se ha quedado unos días a descansar en el ashram.

Sivananda Ashram: 11.08.09 - 13.08.09

Un ashram es un lugar de meditación y enseñanza hinduísta, tanto religiosa como cultural, en el que los alumnos conviven bajo el mismo techo que sus maestros.
En los ashram se suelen impartir clases de meditación y pueden realizarse también talleres y cursos de terapias orientales. Además son el lugar donde deben vivir los sannyasis o , hinduistas que han decidido retirarse de la vida mundana y que no viven en un punto fijo, sino que van de áshram en áshram. Su funcionamiento es parecido al de los monasterios en la Edad Media ya que funcionan a la vez como lugar de retiro, hospedería, comunidad, escuela y dispensario público. A los ashram puede acudir cualquier persona, sin importar su creencia o casta, a aprender o escapar del caos del mundo y normalmente la estancia en los mismos es gratuita o muy barata, lo justo para sufragar los gastos de manutención, por ello y a pesar de la falta de lujos y de que la vida en el ashram está regida por un horario fijo algo duro, los ashram son lugares muy visitados tanto por occidentales como por hindúes.


La hora del té. Dos veces al día nos reunimos todos para tomar té y frutas, a las 7.30 tras la meditación de la mañana y antes de desayunar-comer (a las 10) y a las 13.30 antes del tiempo libre para darse un baño en el lago o ir a una de las charlas.


En los ashram es normal ver sannyasis o sadhus, hinduistas que han decidido retirarse de la vida mundana y que no viven en un punto fijo, sino que son ascetas que buscan el camino de la penitencia y la austeridad para obtener la iluminación, a los que normalmente se puede reconocer por el color anaranjado de sus ropas. Los sadhus peregrinan por el país, sin nada más que lo puesto, recibiendo comida y cobijo de la gente, templos y ashrams, aunque muchas veces pasan una temporada (que puede ser de varios años) meditando en cuevas.
Además, en los ashrams suele haber swamis, título honorario que se les otorga a maestros de diferentes doctrinas (darshanas) que cultivan, por ejemplo el yoga, o bien a maestros espirituales que no son religiosos.


Swami del ashram, un hombre que siempre sonríe.

En general, los ashrams son lugares en los que uno puede aprender y suelen estar situados en parajes preciosos, pero además sirven para escapar del caos del mundo, descansar, encontrarse a sí mismo... En particular este ashram que visitamos nosotros era un centro de estudio de yoga, donde se imparten cursos en los que puedes lograr el título de profesor de yoga, y en el que hay bastantes occidentales, por lo que la comida es bastante buena y no demasiado especiada y los servicios son bastante cómodos, ya que hay camas en dormitorios comunales, cosa impensable en un ashram puramente hindú.


El dormitorio de las chicas, donde cada una tiene una cama con mosquitera y ventilador en una gran habitación con baños a compartir al fondo.


Aquí os adjunto el horario del ashram, que parece muy duro pero al que te acostumbras al cabo de unos días...

05.20: Toque de campana-gong, un sonido muy místico con el que despertar aún de noche
06.00: Satsang: meditación en grupo, cánticos y charlas (1h y media)
07.30: Te y con alguna fruta (plátanos)
08.00: Clase de asana, yoga tipo sivananda con 2 niveles (2h)
10.00: Comida vegetariana muy, muy, rica
11.00: Karma yoga, es decir un trabajo designado por el centro para cada alumno (recoger leña, limpiar los baños, servir el té, servir la comida...)
12.30: Clase de entrenamiento, opcional
13.30: Té
14.00: Charla sobre la filosofía hindú
15.30: Clase de asana, yoga tipo sivananda (2h)
18.00: Comida vegetariana
20.00: Satsang: meditación en grupo, cánticos y charlas (1h y media)
22.30: Se apagan las luces

Haciendo yoga, hay 2 niveles diferentes, las clases son largas y el lugar precioso: espacio abierto rodeado de árboles y pájaros, así que se disfruta mucho, aunque el tipo de yoga en particular no es el yoga que más me gusta, la verdad.

¿Cómo es la experiencia? Bueno pues interesante, la verdad es que ni el yoga ni la meditación de este ashram en particular me llamaron la atención por su calidad, sino más bien lo contrario, pero es un alivio tener una rutina así de establecida, levantarte antes del alba, con el sonido del gong, meditar y cantar, estirar el cuerpo, charlar sobre temas trascendentales... en fin que escapas no sólo del ruido y caos de la India, sino también un poco de tu mundo en el que estás corriendo todo el día y aquí te obligas a parar y pensar y te das cuenta de que hay otras formas de ver la vida y tienes tiempo para escucharte a ti mismo y además conoces a gente muy interesante. Así que como experiencia me parece muy positiva.

La hora de la comida, sentados en hileras nos van sirviendo las ricas verduras cocinadas de diferentes maneras y con típicas salsas indias acompañadas normalmente de arroz. Se puede comer tanto como se quiera, eso sí, con la mano ya que no usan cubiertos.

Costes:
Más adelante

Varkala (Kerala, India)

Por las noches, el mar se ve salpicado de pequeñas luces que delatan el insomnio de los pescadores, quienes al amanecer se acercan a la playa de Varkala para vender los pescados más frescos y baratos que he comido jamás.

Varkala: 08.08.09 - 11.08.09

Kerala, el primer estado del mundo en votar a un gobierno comunista, el cual ha logrado que éste sea el estado con mayor índice de alfabetización del país, y eso se nota, ya que la mayor parte de los lugareños saben inglés, además de su idioma propio y de hindú. Pero no sólo es la facilidad de comunicación la que atrae a los turistas a este lugar, sino que además hay que reconocer que es un estado bastante próspero, cuidado, y "limpio", por lo que es casi un descanso del bullicio general de la India.

Pescador con su ingenioso bote: 3 maderos atados con cuerdas que montan y desmontan cada día al comenzar y terminar la jornada laboral.

Varkala era hace unos años un pequeño pueblo de pescadores en el que han ido apareciendo más y más guest houses a lo largo de sus rojos acantilados ya que la cercanía de estas playas al aeropuerto internacional de Trivandrum hace que éste sea el lugar elegido por muchos turistas (incluídas familias con niños) para pasar sus vacaciones, sobre todo en navidad, temporada alta en la que al parecer es incluso difícil encontrar alojamiento.

Atardece en Varkala, y la playa se llena de lugareños que vienen a disfrutar de las puestas de sol, sobre todo los fines de semana.

La verdad es que se está muy a gusto en este lugar: playita de arena amarilla y negra, olas gigantes con las que jugar, montones de pequeñas tiendas donde comprar ropa u objetos de cualquier lugar de la India (ya que hay rajastanis, kashemiris, tibetanos...), sastres que usando sus telas (algodones y sedas de diferentes colores) te copian el modelo que quieras, restaurantes de todo tipo en los que hay comida western-friendly (es decir que si estás harto de las especias te puedes tomar una lasagna aunque lo mejor del lugar es el marisco que los pescadores traen cada mañana) y alojamiento a gusto de todos, desde bungalows de lujo hasta casas familiares reformadas para hacer de ellas un guest house.

Jordan en uno de los muchos cafés y restaurantes que hay sobre los acantilados de Varkala, en los que las horas pasan sin que uno se dé cuenta: leyendo un libro y mirando al mar. Por cierto, Varkala está lleno de lugares en los que hacer intercambio de libros, como se puede ver al fondo de este bar, el café italiano, donde conocimos a uno de nuestros grandes amigos del viaje: un hindú muy creyente que confió en nosotros para contarnos la increíble historia de su vida... y es que para nosotros, occidentales, las vidas, creencias y formas de actuar de esta gente muchas veces nos resultan sorprendentes, sobretodo porque en la mayoría de los casos muestran una ingenuidad y buena fé a la que no estamos acostumbrados.

Un ambiente tranquilo, relajado en el que desconectar y cuidarse ya que además en Varkala se puede hacer yoga y se ofertan todo tipo de tratamientos de belleza ¡depilación incluida! cosa normalmente difícil de encontrar pero que aquí además es de buena calidad. Ah y no olvidemos los famosos masajes, especialmente el ayuvérico que nació en Kerala y que debo reconocer que me defraudó un poco ya que simplemente consiste en untarte de aceite desde la cabeza hasta los pies, 1h frota que frota sin meter los dedos en los músculos, así que vale relaja un poco pero creo que no compensa el olor a ese aceite que se te impregna en el cuerpo y pelo y del que no te puedes desprender en varios días...


Reunión en la playa: pescadores vendiendo su mercancía, mujeres que echan un vistazo, hombres que conversan, un policía que observa.

En la playa principal hay 2 vigilantes, los cuales delimitan el trozo de mar en el que los occidentales se pueden bañar mientras ellos echan un ojo por si ocurriera algo, ya que las aguas son bastante bravas, y de vez en cuando hacen sonar el silbato para avisarte que te has metido demasiado adentro o que te has salido de los límites. Lo curioso es la división de la playa, ya que a un lado del vigilante están los occidentales bañándose y al otro se encuentran las familias hindúes, que no se adentran en el agua más que hasta las rodillas ya que no saben nadar y, por supuesto, hacen ésto completamente vestidos, así que mientras las mujeres con sus saris juegan con el agua, los hombres se rompen el cuello mirando a la zona de las turistas en sus bikinis...

Hindúes mojándose en el mar, la verdad es que no llegan a nadar, ya que la mayoría a pesar de haber nacido junto a éste no saben hacerlo. Estamos en la parte izquierda de la playa, ya que en la derecha se encuentran los occidentales bañándose en su "ropa interior", como dicen los hindúes.

Curiosidades:

Resulta curioso el hecho de que muchas familias vienen a Varkala a echar las cenizas de sus muertos al mar, por lo que al fondo de esta playa, sobre todo los domingos, se puede ver a varios brahman bajo unas sombrillas de colores, realizando rito tras rito con los familiares del muerto, quienes deben repetir las palabras del sacerdote, dar las vueltas que éste les indica, pasar las cenizas por el fuego sagrado, poner las bananas sobre su cabeza y lo que sea necesario, para finalmente acercarse a la orilla del mar donde lanzan las cenizas sobre las olas.

Swami realizando un rito bajo una sombrilla de la playa. Los familiares masculinos más allegados al fallecido se acercan al sagrado hombre para seguir los ritos que éste les indique: cánticos, vueltas, bananas, fuego, palabras extrañas, todo para lograr que el alma del ser querido vaya por buen camino. Todo rito termina cuando la familia entera acompaña a las cenizas bendecidas para lanzarlas al mar.




Costes: más adelante

Viajando en tren por la India

Típico vagón de tren, donde los asientos se hacen camas y donde los viajeros se hacen amigos tras compartir horas y horas de viaje. Un buen lugar para aprender algo de la India, para hablar con los locales, además que en la segunda clase (la que no tiene AC pero sí camas) suele viajar gente que habla inglés y que están encantados de saber de tí, de tu vida, de tu país y de tus experiencias en la India.

Como la India es tan grande, para ir de un lugar a otro se puede volar, ir en tren o en autobús. El avión al parecer no es muy caro pero no lo he utilizado. El autobús es mejor evitarlo a no ser que no quede más remedio, ya que los indios conducen como locos, el acelerador siempre al máximo, la música a toda pastilla, haciéndose hueco y pasando los cruces a base de claxon... una forma de conducir que sólo tiene sentido cuando se posee una inquebrantable fe en un dios que te protege ya que parece que tu vida está en peligro a cada curva.


Tras la noche llega el día, los nuevos viajeros, las camas medio deshechas, algunas ya convertidas otra vez en asientos que se comparten, una forma de viajar segura y cómoda.

Y bueno mis experiencias con los autobuses en Rajastán fueron algo negativas: en un viaje tuvimos un accidente en el que nos chocamos contra un camión, atropellando a un anciano; y en otro el autobús no paró en 4h para hacer pis, por lo que tuvimos que ingeniárnoslas para solucionar el problema... menos mal que los autobuses indios tienen unos compartimentos encima de los asientos en los que puedes ir tumbado, con una vidriera y cortinas que te separan del resto, por lo que en semejante lugar que no debe de tener más de 1m de altura y con una botella vacía de agua logramos, no sin dificultades, poner fin al malestar fisiológico...


Mujer y niño esperando a que pase el tren, una pequeña imagen de sus vidas, de su hogar, de su día a día.

En fin que por esto recomiendo siempre que se pueda viajar en tren, ya que es una forma segura, relativamente cómoda y muy barata de viajar por el país y, aunque se hagan distancias muy largas, al menos se ve la India pasar por las ventanas o por las puertas que se pueden abrir para sentarte en el suelo y disfrutar del paisaje con el viento en la cara.


Jordan sentado en la puerta del tren que abre para poder mirar el paisaje y sacar la cabeza y hacer fotos.


Así al menos se puede echar un ojo a la India rural, que de otro modo pasa desapercibida ya que los turistas no solemos parar en mitad de la nada en un pueblo y pasar ahí unos días, por lo que una de las formas de hacerse una idea sobre cómo vive la gente en el campo es observando sus vidas desde el tren e imaginando el resto.


Jóvenes que se entretienen junto a las vías jugando a no sé qué y que sonríen cuando ven a un extranjero sentado en la puerta abierta del tren, al que rápido saludan con entusiasmo.

En el tren te da tiempo para leer, para escribir, para pensar y para charlar con tus compañeros de vagón, que suelen buscar conversación y que muchas veces, sobretodo si viajas en AC, sabrán hablar en inglés y estarán deseando intercambiar historias con los extranjeros. En el tren pasan vendedores ambulantes, algún niño, anciano o travesti a pedir dinero, estaciones sin fin, el paisaje... y además es una forma de escapar del ruido incesante de la India.


Los travestis, que están aceptados en la India pero cuya única fuente de ingresos es el ir cantando por los vagones del tren ya que nadie les da trabajo.

Ta-tak, ta-tak, ta-tak, ta-tak... estación Kovilpati, puerta a una ciudad en cuya estación vemos hombres descalzos en dhotis a veces recogidos en la cintura mostrando así las delgadas piernas hasta las rodillas, mujeres en coloridos saris, chavales intentando ser occidentales pero con ropas de los ´70, alguna mujer con la cara pintada de amarillo (producto cosmético muy de modo acá), maletas de piel, cestas a la cabeza, vendedores que cantan sus productos... vamos acelerando y la ciudad transcurre frente a nuestra ventana, niños que saludan sonrientes al tren que pasa, la mezquita a lo lejos canta a allah, el templo hindú con sus vivos colores y representaciones de sus cientos de dioses, basura sin fin enmarca las vías del tren, edificios decrépitos cuya pintura descascarilla, autobuses amarillos llevan a los niños al colegio; avanzamos y poco a poco la ciudad se disuelve, el número de casas disminuye, apareciendo éstas salteadas sobre la roja tierra, bañada por plásticos arrojados desde el tren, bueyes que tiran de la labranza, el paso a nivel donde esperan aquellos cuya vida transcurre aquí mientras los demás pasamos hacia otro lugar, trigales, pequeñas zonas quemadas, palmeras en hileras, llanuras con pequeños setos, las colinas enmarcan el horizonte, el sol que se marcha; y en el interior de esta caja que viaja concurren vendedores y pasajeros en el pasillo, conversaciones flotan en el aire, los trasvestis cantan, dan palmas y piden unas rupias; por la ventana las últimas luces dejan ver un pozo seco, casas destechadas, tierra marrón oscura, tractores, algún árbol; de pronto llega la cena, arroz y chapatis en una bandeja, ventiladores a todo trapo, el viento soplando de lado a lado del vagón que lleva todas las ventanas abiertas, cubiertas por barrotes de metal azules, como azules son los asientos también de cuero-plástico pegajoso, sudor allá donde la carne toca la carne, amarillas hierbas sobre la tierra, cabras blancas, negras y marrones, que regresan a casa al mando del pastor de dhotis azules, ayudado por su estiloso galgo, las últimas luces del día muestran los saris de colores, pájaros solitarios despiden al día, ahora el tren se lo toma con calma, va despacio, muy despacio, mientras otro tren le llama en la distancia, se acerca, aceleramos y cientos de caras desfilan tras las 2 hileras de barrotes azules, visiones de los compartimentos del otro tren, halógenos que iluminan a sus pobladores, sus vidas, familias, sonrisas, expresiones, miradas... ganamos velocidad, cae la noche, ya no se ve el campo, parece que sólo existiera el interior del tren, convirtiéndose éste con la oscuridad en una isla donde transcurre la vida, aunque de vez en cuando el breve fogonazo de luz de las estaciones que pasamos nos recuerda que existe otro mundo ahí fuera, con gente que espera trenes en esas estaciones, a esas horas, para llevarles ¿a dónde? son estas pequeñas interrupciones en el transcurso del viaje las que te hacen pensar ¿dónde irá esta gente? ¿tendrán familia esperándoles? ¿cómo es su vida? y, por lo tanto, ¿dónde voy yo? y ¿cuál es el sentido de mi vida?


Palmeras y arrozales, los paisajes de la India van pasando ante la ventana del tren: desiertos, ciudades, cabras, montes, ríos, barcas, arrozales...

Curiosidades:

1) Los hombres llevan dhotis en la India, que es una especie de tela que se enrollan alrededor de la cintura y que se ponen con camisa cuando van arreglados.

Un hombre asomado al tren que nos cruzamos vistiendo los típicos dhotis de la India que, curiosamente, siempre mantienen blancos y relucientes.


2) Las muestras de afecto entre hombres son muy comunes en la India no así entre diferente sexo. Creo que jamás he visto a un hombre y una mujer ir de la mano por la calle, cuando ver a 2 hombres agarrados de la mano o del hombro es de lo más normal.


Dos amigos en el tren, no son una pareja gay.

3) El tren pasa por lugares a los que jamás iría un turista, por lo que los lugareños quedan sorprendidos al ver a un extranjero. Estos chicos estaban tan entusiasmados que ¡se cayeron 2 de la bici!


Niños camino de la escuela, que nunca han visto a un extranjero antes y a una mujer rubia menos todavía, por lo que 2 de ellos se cayeron de la bicicleta al saludarles...

Costes:
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Madurai (Tamil Nadu, India)

El famoso templo de Madurai bajo la luz de la auspiciosa Luna llena. Los templos hindúes tienen numerosos bajo-relieves dedicados a sus dioses y pintados de vistosos colores.

Llegamos a Chennai (una ciudad grande al sur de la India, en el estado de Tamil Nadu) después de varios días de viaje, cansados y de noche, así que tras dormir en un hotel, compramos un billete de tren y salimos para Madurai, a unos 500 Km y 9h de distancia.

Madurai es una ciudad que, desde mi punto de vista, carece de encanto, el único referente del lugar es un templo bastante grande en el que cada noche, a eso de las 21.30, los brahman (casta más alta formada por sacerdotes) sacan a Shiva en una carroza de plata que transportan sobre sus hombros mientras cantan canciones al dios y, tras una media hora de pasearle por el templo con los devotos hindúes persiguiendo la carroza para poder recibir la bendición de Shiva, le meten en la cama con una de sus mujeres para repetir el rito al día siguiente y al siguiente y al siguiente.


Como cada noche, los brahma o sacerdotes de la casta más alta hindú, sacan a Shiva a dar una vuelta por el templo en su carroza de plata mientras le cantan canciones, queman incienso y hacen sonar campanas y trompetas, gran pompa que los creyentes siguen devotamente, rezando e intentando tocar a Shiva antes de que los sacerdotes acuesten al mismo junto a una de sus esposas.

La verdad es que el templo en sí es bastante interesante, ya que en él hay cientos de dioses diferentes representados y vienen cada día cientos de hindúes de todos los confines de la India en peregrinación para rendir sus respetos a estos dioses. Por lo que aunque sólo sea por ver a los hindúes mostrar su fe, merece la pena visitar este templo, claro que no hace falta venir a Madurai para ver a los hindúes en pleno acto de fe, sino que ésto se puede apreciar en otros muchos templos de la India.

La religión hindú tiene miles de dioses, algunos de ellos son animales como esta vaca, escultura a la que se acercan los creyentes para rezar, tocarla, besarla y rociarla de colores. Templos vivientes, tal y como nuestras catedrales debían de haber sido siglos atrás: un lugar donde se reunía la gente, donde dormían los peregrinos, donde se les daba de comer y donde se formaba un mercado en el que vender cualquier cosa, desde imágenes de los dioses, hasta collares de flores pasando por comida, música, inciensos, cuadros luminosos...

Curiosamente, había en este templo un precioso elefante cuyos dueños habían maquillado y enseñado a dar una bendición cuando alguien les pone una moneda en la trompa, por lo que debían de forrarse cada día con la cantidad de gente que pasaba por ahí y gustosos recibían la bendición del paquidermo, ya que elfante es ganesh, uno de los principales dioses del hinduísmo.

El orgulloso dueño del elefante, reencarnación del dios Ganesh, a la espera de más fieles que pasen por su lado para bendecirles con la trompa de su mascota para así poder pagar la comida con la que debe alimentarla.

La ciudad como tal no nos llamó demasiado la atención, por lo que nos sorprendió la cantidad de turistas que la pueblan, tanto indios como occidentales, claro que supongo que será porque es un buen lugar desde el que acercarse a la India para aquéllos que nunca la visitaron, ya que es una ciudad bastante agradable, con algo que ver y sin grandes miserias, que muchas veces asustan al viajero a la hora de decidirse a venir a este país.


Encantador mercader del templo, quien aprendió en su infancia el oficio de su padre, y del padre de su padre y de generaciones atrás en su familia: hacer collares de flores para venderlos en el templo. Increíble pensar que lleva 50 años haciendo lo mismo, día tras día, sin descanso, insertando quién sabe cuántas flores como si fueran cuentas, con una destreza y rapidez asombrosas.

Nosotros pasamos horas en sus mercados, llenos de vendedores de frutas y verduras que se apilan sobre el suelo por el que caminan las sagradas vacas enfureciendo a los vendedores cuando aprovechan para zamparse alguno de los alimentos expuestos. Como siempre ocurre en la India, la gente te pide que les hagas fotos, les encanta que les retrates y les gusta además que lo hagas a ser posible mientras ellos hacen su trabajo, porque la mayoría de los indios están muy orgullosos de su profesión, sea ésta la que sea, ya que, al contrario de lo que sucede en occidente, los indios no miran con envidia a las castas superiores sino que se sienten afortunados de no pertenecer a una casta inferior, y como hay tantas castas y estratos sociales todo individuo puede sentirse de esta manera superior a alguien y por lo tanto orgulloso de su posición social.


Carro típico que va camino del mercado para poder transportar a las mujeres y hombres y sus compras.

Curiosidades:

A) La India está compuesta por diferentes estados, cada uno al menos tiene un lenguaje propio normalmente con un alfabeto propio, y todos comparten el hindú como lengua común junto con el inglés, claro que no todos los indios hablan estos 2 lenguajes a parte del suyo propio, y Tamil Nadu es un estado de tintes independentistas por lo que es difícil encontrar a gente que hable estos idiomas.

Este es el lenguaje tamil, uno de los 16 lenguajes oficiales del país. Aunque el hindi es el idioma común para todos, es curiosamente el inglés el idioma a usar oficialmente para asuntos legales. Pero además de estos 16 idiomas existen muchos más en cada región, por lo que en total suman unos cientos. Curiosamente en el sur, y en particular en Tamil Nadu, donde el movimiento independentista es más fuerte, muchos lugareños no hablan hindi, es más, al tratarse de un país enorme, en total hay millones de indios que no hablan el idioma oficial.

B) Una de las mayores comodidades de la India: vayas donde vayas, hay servicio de limpieza de ropa, no tienes más que preguntar en tu hotel o acercarte en la calle a los hombres que se encuentran planchando ropa, ya que además del lavado (a mano y bien vigoroso) el servicio incluye de planchado, que es realizado con las mismas planchas que se usaban hace unos 50 años es nuestro país: pesadas herramientas de metal en las que se introducen carbones al rojo vivo.

El lavado y planchado callejero, a la antigua usanza, con pesadas planchas en las que se introduce carbón al rojo vivo.

C) Timos: Ha llegado el momento de hablar sobre los ingeniosos timos de la India, que supongo que se perfeccionan con los años de forma que, aunque lleves años viniendo al país, hay veces que sigues cayendo en ellos... como por ejemplo:

1) Toda estación de tren, autobús o aeropuerto está siempre llena de taxis (el Ambassador es el coche-taxi oficial en toda la India, convirtiéndose por ello en el coche más vendido del mundo aunque no lo conozcáis) y ricksahws (automóvil a medio camino entre el coche y la moto, de 3 ruedas, que se usa por todo el sudeste asiático). Cuando escogemos uno de éstos para que nos lleve al hotel que tenemos reservado o que nos han recomendado o que la guía dice que está muy bien, es común que el conductor nos diga con cara de preocupación que es imposible llegar al hotel ya que este está lleno, o hay manifestaciones en ese área o inundaciones o cualquier excusa que se le ocurra en ese momento y que suene plausible. No lo creáis ya que seguramente entonces os ofrezca un hotel muy bueno y de muy buen precio al que os puede llevar y donde él se llevará comisión.

El coche más vendido del mundo, el Ambassador, junto a su hermano pequeño el rickshaw. Todos los taxis de la India (y hay muchos) tienen este coche, convirtiéndolo así en el coche que más hay en el mundo, a pesar de que nosotros ni lo conozcamos en occidente. A su lado está el rickshaw, una especie de moto de 3 ruedas que se usa por todo Asia como medio de transporte más barato que el taxi.


2) Las comisiones... muchos de los conductores de rickshaw viven de éstas, por lo que a veces te ofrecen llevarte a algún lugar por un precio irrisorio, incluso se ofrecen a ser tu conductor del día por menos de 1 euro, pero lo que no te cuentan normalmente es que lugar al que te lleven, lugar donde ellos se llevan comisión, por lo que si queréis comprar por ejemplo sedas, el conductor os llevará a las tiendas de sedas que él tiene acordada la comisión y que acabas pagando tú al comprar los productos de éstas... truco muy ingenioso ya que en estas tiendas suele haber carteles en los que ponga "precio fijo", claro que si no vas con el conductor del rickshaw empiezan a llover descuentos del 10% o del 20%...

Vayas por donde vayas la gente te pide que les hagas fotos, les encanta, y más si la cámara es digital y las pueden ver después. Así de contenta está esta mujer que nos encontramos en el templo, contenta y orgullosa de su hijo, que lleva la señal de la puja en la frente.

3) En muchos lugares turísticos, un hombre muy majo y que parece buena gente te dice, tras entablar conversación educadamente, que menuda suerte que tienes, que justo hoy es el día en el que se celebra el festival de no sé qué y que además es ahora y va a acabar en media hora y si vas corriendo al lugar indicado al que él te puede acompañar podrás presenciar el evento. A veces para que no te mosquees incluso no se ofrece a acompañarte, sino que te dice que él está ocupado... pero 20m más allá cuando aún te preguntas si será cierto o no que hoy y ahora mismo hay un evento tan importante en el lugar al que estás yendo por si acaso, otro hombre completamente diferente te repite lo mismo, por lo que las dudas desaparecen: si dos personas supuestamente inconexas te cuentan que hay un festival especial en el templo, será verdad ¿no? ¿porqué te van a engañar? ¿qué sacan de que tú vayas al templo? ya sí que has mordido el anzuelo, te vas con este hombre corriendo para no perderte el evento sintiéndote la persona más afortunada del mundo, y no te importa cuando te dice que subas al tejado que está sobre su tienda para ver lo que sea mejor, ya que te repite que no hace falta que compres nada, que sólo subas a ver... no es un truco maligno, simplemente quieren que entres en su tienda y al final compres algo, no pasa nada si no compras nada pero dependiendo de cuánto tiempo tengas en tu viaje te importa o no perder unas horas con estos engaños, ya que una vez dentro de la tienda seguramente te mostrarán algo que se asemeje al evento que prometían o dirán que llegamos tarde, te ofrecerán té y charlarán contigo de forma que, por no parecer grosero ni herir sus sentimientos, mantienes conversaciones con ellos mientras te van enseñando cosas de su tienda que puedes comprar o no, pero entre unas cosas y otras habrás perdido unas horas de tu día.

Un hombre que conocimos en la calle nos invitó a su casa donde pasamos el rato charlando y escribiendo con tiza en el suelo nuestros nombres y demás en nuestro y su idioma. La casa era bien pequeñita, pero allí vivían él, su mujer e hijos, compartiendo todos la misma habitación separada tan sólo de la cocina. Casa de paredes azules en la que colgaban retratos de sadhus y dioses por todas partes, en una de cuyas esquinas el hombre había encontrado espacio para crear su propio min-templo en el que quemaba incienso.


Costes: Más adelante


Os dejo feliz recibiendo la bendición del elefante (el famoso dios Ganesh), que por cierto me echó además un liquidillo viscoso que salió de su nariz... como podéis ver, a los templos hindúes hay que entrar sin zapatos, ya que éstos se suponen puros y no se deben ensuciar con aquéllo que ha pisado la calle. Curioso porque la verdad es que no limpian los templos, sino que les echan agua sagrada para purificarlos.