Sunday, March 17, 2013

Mafia: Navidades en Tanzania I

27.12.12 - 30.12.12

Esperando entre inmersiones en un barco en mitad de un increíble mar 

Estas navidades decidimos volver al mismo lugar en el que pasamos las vacaciones de verano: Tanzania, por algo será ¿no?

Y es que necesitábamos descansar, no viajar en plan locura, sino ir a un sitio paradisiaco a reponer energías y no pudimos elegir mejor, Mafia y Zanzíbar, nuestras islas favoritas.


MAFIA

Volé yo sola a Mafia, esa preciosa y tranquila isla en la que pasé mis días en Utende, pueblecito de unos pocos cientos de habitantes donde me sentí como en casa: me alojé en el BeachHouse de nuevo, donde me volvieron a recibir con los brazos abiertos y aproveché para descansar, leer, disfrutar del silencio, de las estrellas, del mar... siempre rodeada de las sonrisas de los que allí trabajan, un amor de gente que nunca olvidaré.

Con Kyle, el simpático piloto de las avionetillas que te llevan de un lado a otro en Tanzania

Playa de Utende, con unas nubes increíbles por las rápidas tormentas que hay en esta época.


Paseando por el pueblo me sentí como en casa y es que algunos de los lugareños que me cruzaba ¡se acordaban de mi! y me parece sorprendente porque por allí pasan cientos de turistas cada año, pero lo cierto es que a mi me gusta pasear a mi bola por el pueblo y "hablar" con quien me cruce usando un poquito de swahili (que les hace mucha ilusión) o inglés (que hablan los que trabajan con los turistas). Y no suelo comer ni cenar en los restaurantes de los resorts sino que me gusta sentarme en la mesa que una gran mama tanzana pone en la puerta de su casa para servir la comida que ella misma cocina y que suele ser arroz, judías y pescado. Y, como no, me encanta hacer fotos y bailar con los chicos, así que supongo que es por eso que se acuerdan de mi.

Mis simpáticos vecinos en Utende, Mafia
El día a día en el tranquilo Utende, Mafia

Aproveché también para disfrutar del mejor buceo que he hecho en mi vida con BigBlu, y es que vuelvo a repetir que el mundo submarino de esta isla es absolutamente increíble. Así que aproveché para hacer al menos 2 inmersiones al día: barco típico del lugar, de madera, que te lleva al primer punto donde sumergirte y donde descansas disfrutando de un mar absolutamente espectacular (azules y verdes transparentes) hasta llegar al segundo lugar donde bucear. Un coral de llorar de bonito en el que juegan Nemo y toda su familia, en el que además pudimos disfrutar de enormes Potato Groupers, coloridos nudibranquios, rayas, mantas, tortugas y tiburones. Una pasada, de verdad.


El increíble coral del parque marino de Mafia

Esperando entre inmersión e inmersión en este tradicional barco anclado entra aguas transparentes.


Pero de lo mejor que he hecho en este viaje a Mafia fue el ir a nadar con los tiburones-ballena, ¡mama mia qué preciosidad! algo absolutamente espectacular que recomiendo a todo el mundo.

Mi amigo el enorme y cariñoso "Potato Grouper", encantado de que le acaricien.

Wednesday, March 06, 2013

Tiburones Ballena: Mafia (Tanzania)

30.12.12
El tiburón-ballena me deja atrás, siempre acompañado por sus fieles seguidores los peces blancos
Absolutamente increíble, sin duda una de las mejores experiencias de mi vida, el poder ver de tan cerca al pez más grande del mundo, el tiburón-ballena. 

De Octubre a Enero aproximadamente estos inmensos y pacíficos tiburones suben a la isla de Mafia, donde se organizan salidas en bote para no sólo verlos sino además nadar con ellos.
 Exhultante sería la mejor forma de definir mi estado ahora, después de haber pasado unas 3h “jugando” con estas bellezas de la naturaleza. 
 Y cansada, muy cansada, porque realmente es agotador el seguirles mientras surcan el océano.

Cara del tiburón-ballena de perfil


Big-Blu organizó mi viaje: salí con un bajaji por la mañana de Utende y llegué al Lodge a las 8.30 am, lista para subirme a la lancha que nos llevaría a mi y a una pareja italiana a unos cien metros de la orilla de Kilindoni, donde se alimentan estos enormes bichos. 


El perfil que tanto asusta del tiburón


Emoción al ver las aletas saliendo del agua, triángulos oscuros que hemos aprendido a temer por las películas, pero que en esta ocasión eran nuestro reclamo: aleta que veíamos, hacia ella que nos dirigíamos y, cuando estábamos a menos de 2 m del tiburón, máscara, snorkell, aletas y…. ¡al agua! ¡Mamá mía que de adrenalina! A nadar como locos porque ellos con sus 8-12 m de longitud vuelan, así que hay que estar en forma para poder recorrer con ellos algunos metros. Wow! una de las carreras más emocionantes de mi vida, yo a crawl a toda pastilla (para eso entreno 2 días a la semana 1500 metros en la pisci) y a mi lado un pelín más abajo, a menos de 1 m, el señor tiburón, del que puedo ver todos los detalles: 

Tiburón-ballena de cuerpo casi entero

-       Aleta enorme que se mueve a un lado y a otro de manera que hay que tener cuidado para que no te golpee porque puede hacerte daño, aunque yo tuve suerte porque me acarició y sentí su suavísima piel en mi tripa.
-       Blanco vientre, decorados con una piel gris oscura con grandes puntos blancospor la parte superior
-       Aletas laterales de las que parecen colgar unos peces largos y blancos
-       Branquias a un lado que se van abriendo y cerrando según surca el agua y de las que asoman unos peces amarillos (trevally) o azules.
-       El pequeño ojo en el lateral, que te mira perezoso.
-       La enorme boca, de 1 metro, que lleva casi siempre abierta y rodeada de muchos peces amarillos que parece que se va a comer pero en realidad están limpiándole, ya que este tiburón se alimenta de plancton por filtración.

Las branquias y los pececillos que las limpian
Un tiburón, y otro, y otro más, el lugar está repleto y cuando te dejan atrás el barco te recoge de nuevo para descansar y llevarte allá donde sobresalen más aletas. De pronto, adrenalina otra vez al ver uno que se acerca, saca esa enorme boca que tiene y parece sonreír, claro que eso es lo que parece desde el barco pero cuando estás en el agua persiguiendo a un tiburón y de pronto de entre las profundidades ves una boca inmensa que sube hacia ti, directa a ti, a tu cara, a tu enano cuerpecín… te entra el pánico y piensas ¿qué hago? Sabes que no te quiere comer pero estás en su camino y te mira con esos ojos que no sabes qué piensan y… en las 2 ocasiones que me ocurrió esto debo decir que me puse a gritar como una loca, jajaja.

La "pequeña" aleta del tiburón

Boca-aspiradora del tiburón abierta
Lo cierto es que me siento súper afortunada, no sólo por haber visto a los tiburones sino por haber podido nadar con ellos tan cerca, no sólo con uno sino con más de 9 porque la bahía estaba llena de ellos, afortunada además por tener la suerte de que mi barco fuera bastante exclusivo, ya había barcos con 6 o más pasajeros, pero en el nuestro sólo Hazem y yo nos lanzábamos al agua mientras su chica nos grababa vídeos. Debo agradecer de corazón a este hombre su ahínco en lograr la foto perfecta, en la que saliera yo con un tiburón-ballena, no cejó hasta conseguirlo y es que no podéis imaginar lo difícil que es seguir a los tiburones a su ritmo y encima hacer fotos y respirar y no morir de cansancio pero Hazem no paró hasta que encontramos a unos tiburones más pequeños a los que era más fácil seguir y que pudimos fotografiar mejor. 

Me siento una de las personas más afortunadas del mundo. Ha sido una experiencia increíble y de verdad que la recomiendo a todos. Soy feliz.

Sin duda, la foto de mi vida :-)


Thursday, December 27, 2012

La aventura del regreso a Tanzania y mi última semana de vacaciones

19.08.12 - 28.08.12
Dhow al atardecer, isla Juani, Tanzania.


EL DÍA MÁS LARGO DE MI VIDA
19.08.12

Aquí en Ilha dejé a Miriam, mi compi de viaje, porque ya sólo nos quedaba 1 semana y yo quería volver a Mafia para hacer submarinismo. Ella aprovechó para ver ballenas en otra excursión en barco en Ilha, mientras yo pasé las horas más estresantes de todo mi viaje. 
"Pole Pole" o despacio, algo que se aprende rápido en Zanzíbar
A eso de las 12 de la noche dejé una fiesta en la playa de Ilha, llegué al hostal y me tumbé un rato porque había mandado un mensaje al conductor de la chapa (Saíd) para avisarle de que a las 2.30 am estaría esperándole en el hospital de Ilha, que no se fuera sin mí. Así que a la 1.45 am salí del hostal con la mochila a la espalda y, de camino al hospital, me subí en un minibus que gritaba “Nampula” (donde está el aeropuerto) y dentro me dijeron que aunque no eran Said, eran la misma compañía… PRIMER ERROR… tras una media hora dando vueltas y más vueltas por Ilha en busca de más viajeros, me suena el móvil y unos españoles me cuentan que están en la chapa de Saíd esperándome en el hospital… total que me había metido donde no era; bueno, daba igual siempre y cuando mi minbus saliera con tiempo para llegar al avión, pero cuando les presioné para que me dijeran cuándo salía me contestaron que... ¡¡¡cuando se llenara!!! y, que si eso era  a las 5 am, pues a esa hora partiríamos… ya, pero yo entonces ¡¡¡perdería mi avión!!! ¡Qué estrés! llamé corriendo a Saíd que estaba ya cruzando el puente de la isla camino del continente pero, muy majo, aceptó volver a Ilha a recogerme. 

Mujer con su bebé, a la puerta de su casa en Mafia, Tanzania.

Así que intenté que mi minibus me llevara al hospital pero, como ellos no querían dejarme ir y perderme como cliente, me vi forzada a sacar la cabeza por la ventanilla y, cual loca, gritar a un lugareño que conocía que me ayudara a salir de ahí, mi salvación pensé… ¡ja! SEGUNDO ERROR… porque en cuanto me bajé del minibus, el mozambicano, que venía algo borracho de la fiesta de la playa, en lugar de llevarme al hospital me metió por un callejón oscuro con intenciones que quedaron claras al acercarse más de la cuenta para decirme “I love you”… “Fuck Off!!! I´m going to miss my plane!!! I just wanto to go to the hospital” pero de los nervios ya no sabía ni dónde estaba, menos mal que llamé a los españoles que iban con la chapa por Ilha buscándome y que aparecieron de pronto de la nada para rescatarme de mi frustrado enamorado.

Las mujeres se encargan, entre otras cosas, de trenzar las hojas de palma para el macuti: tejado de la casa típica de este lugar de África.
Típica casa africana (paiota) construída con paredes de adobe y tejados de macuti.
Por fin a salvo, en la chapa de Saíd, crucé el puente, llegué al continente y allí nos cambiaron a todos al bus llamado “el tanzano” que es el que te deja en Nampula. Me dormí casi todo el viaje pero, cuando abrí el ojo a eso de las 6 am, empecé a preocuparme porque aún no habíamos llegado y el bus iba parando en todas partes para recoger más y más pasajeros y gallinas y cabras. Menos mal que un portugués encantador que estaba sentado detrás de mi hizo de ángel de la guarda y me bajó en una rotonda que estaba cerca del aeropuerto hasta el cual me acompañó para tomarse un café conmigo antes de entrar a currar. Flipo con la amabilidad de la gente, de verdad. 


En busca de ricos... ¡cocos! para comer su carne y beber su saludable agua, Mafia.
Ya en el aeropuerto, esperando a embarcar, me empiezo a rayar porque el día de la paella me salió una erupción en las piernas que pensé sería una reacción alérgica a la silla pero que cada día que pasaba, y a pesar de los antihistamínicos, se iba extendiendo hasta tal punto que empecé a preocuparme de verdad. Así que durante las horas de espera decidí llamar a los amigos italianos (que eran dentista y farmacéutica) para ver si me podían aconsejar algo y ellos, asustados por lo que les contaba y pensando que quizás era una enfermedad tropical, hicieron algo que muy poca gente en el mundo hubiera hecho: se ofrecieron a echarme un ojo en Pemba, donde ellos estaban, y aprovechar la escala de veinte minutos para diagnosticar mi problema y ver así si cuando llegara a Dar tenía que irme directa al hospital… lloré tanto en ese vuelo… me sentí por un lado tan sola y vulnerable y por otro que había gente tan buena en el mundo, tanta gente que te ayuda que es capaz incluso de perder un día de sus vacaciones por ti, que me tocó de verdad el corazón, jamás tendré palabras suficientes para agradecerles a ambos lo que hicieron por mi. 

Diferentes azules desde el avión.
Efectivamente, según aterrizó el avión salí corriendo y allí estaban mis salvadores que, tras mostrarles mis piernas, nalgas, espalda y brazos delante del resto de atónitos pasajeros musulmanes, me entregaron una crema de corticoides y unas pastillas que acabarían con el problema en unos días y que, sobretodo, terminaron con mi paranoia y me tranquilizaron. ¡Uf! Qué alivio, de verdad, porque lo que menos me apetecía del mundo era pasar mi última semana de vacaciones en el hospital de Dar.

Mujeres musulmanas festejando el Eid, Zanzíbar.
Total que llegué por fin a Dar y decidí, si era posible, volar ese mismo día a Zanzíbar. Así que, en cuanto salí del rollo eterno de hacer el visado y recoger la maleta, me fui a ver si encontraba un vuelo a Zanzi pero, de camino, me pilló un avispado que me metió en una pequeña habitación donde, tras mirar en su ordenador, me dijo que había un vuelo en media hora que me esperaba y que además eran sólo 75$... En fin, a veces aunque la situación parezca algo rara confías en la gente, así que me fui al cajero, saqué la pasta y el tipo, sin darme un recibo ni nada, me metió en un taxi que, decía, iba a la otra terminal donde, nada más llegar me metieron en otra mini oficina donde alguien cogió mi maleta y me dio… ¡un trozo de papel plastificado en el que salía el dibujo de 2 manos y que decía ser la tarjeta de embarque número 13!… ejem… 

Check in del aeropuerto de Mafia.

Aunque parecía todo algo extraño lo cierto es que, para mi sorpresa, a eso de las 18 embarqué efectivamente en una avionetilla de hélices en la que sólo cabían 13 pasajeros más el piloto ¡¡¡más mona!!! y, a las 19, estaba feliz cual perdiz en Zanzi. Eso me pasa por confiar en ese sexto sentido que siempre te ayuda.

Una de las típicas avionetas que te llevan de un lado a otro por aquí.

Pero no, aquí no acaba este laaaaaargo día. Resulta que el taxista que me vino a recoger al aeropuerto me explicó que, como era el fin de ramadán en Stone Town, había una fiesta (Eid al-Fitr) más grande que la nuestra de nochevieja, por lo que la mayoría de los hostales parecían estar llenos… el tipo, con toda su buena voluntad (y por una pequeña comisión, según descubrí más tarde), me llevó de uno a otro hasta que por fin encontramos una habitación libre que, por la desesperación, acepté, arrepintiéndome  tras echar un ojo a la ducha fría, las ventanas rotas por las que entraban luz y mosquitos y la situación en medio de la jarana. 
Niños en el puerto de Zanzíbar

Total que 10 minutos más tarde, tras llamar a varios hostales de la guía hasta encontrar otra habitación libre, decidí dejar este infierno aunque tuviera que pagar más para poder al menos descansar después del palizón que llevaba. Bajé a explicarle mi situación al dueño que... no lo tomó nada bien: me dijo que no podía irme porque ya me había duchado, cosa que obviamente no era cierta puesto que llevaba la misma ropa que al llegar y no había tenido ni tiempo de hacerlo, pero el tipo se enfureció y empezó a forcejear conmigo intentando quitarme el móvil, lo que hizo que casi se cayera... ¡¡¡MI CÁMARA!!!, yo gritando ya “leave me alone, are you crazy?” y el tipo venga a tirar de mi, tanto que va y... ¡¡¡me rompe los pantalones!!! y yo diciéndole que iba a llamar a la policía y el tipo que le daba igual que era su país y mientras su hijo cerrando la puerta del hostal… ¡puf! Vaya momento más chungo, menos mal que había un chico español en el hall (Javi) que reaccionó y se acercó a ayudarme, calmando, con su presencia masculina, al dueño que entonces le explicó que le había pagado 3000 de comisión al taxista, algo que yo le habría dado si me lo hubiera explicado pero, como el tipo se había puesto súper agresivo conmigo, me fui sin darle nada, acompañada por Javi buscando por las callejuelas de Zanzi, con el culo al aire, el hostal que había reservado.  




ZANZIBAR 
19.08.12 - 21.08.12
Mercado nocturno, Zanzíbar.
Total que por fin puse fin a este laaaaaargo día, con una estupenda cena que compartí con mi nuevo amigo, con quien fui de excursión al día siguiente a “Prision Island”, una islita que hay frente a Zanzi que está rodeada de uno de los mejores arrecifes de coral que he visto en mi vida, así que allí pasamos unas horas haciendo snorkell para disfrutar después de una visita a la isla cuyo nombre viene porque se construyó en ella una prisión para los esclavos aunque ésta nunca se utilizó como tal, sino que sus instalaciones se aprovecharon para dejar en cuarentena a todos los que venían en barco con peligro de haber contraído alguna enfermedad contagiosa. 

Prision island, Zanzíbar.

 El encanto de Prision Island ya no es la cárcel, convertida ahora en hotel de lujo, sino las tortugas terrestres gigantes que alberga. Así que puedes darte una vuelta y acariciar a estos lentos seres de cara prehistórica que llevan su edad escrita en el enorme caparazón que acarrean consigo y que, a pesar de su peso, levantan cuando frotas su cuello alante y atrás con firmeza. Una pasada de excursión que recomiendo a todos los que estén por ahí.


Mi amiga la tortuga de... ¡150 años! Prision island.

Al acariciarles el cuello, las tortugas ¡se levantan!

Por la tarde-noche flipé con la fiesta del Eid: todo Zanzi estaba lleno de turistas musulmanes en sus mejores galas, paseando, bailando, comiendo, bañándose en el mar… una auténtica pasada, un jolgorio tremendo, un ambiente súper alegre y divertido. No podíamos dejar de admirar a las mujeres que iban vestidas con coloridos trajes largos de fiesta y pañuelos a juego, creo que ha sido la primera vez que he comprendido esta forma de vestir, porque sinceramente estaban súper elegantes y guapas. El parque del fuerte estaba lleno de gente que había venido de todas partes, y todos allí juntos querían charlar, te sonreían, se hacían fotos contigo, y te contaban de dónde venían y qué hacían por ahí. Una estupenda experiencia la verdad, una noche muy especial. 
Mujeres celebrando el Eid en Zanzíbar.



MAFIA 
21.08.12 - 27.08.12
Al día siguiente tomé otra avioneta con destino a Mafia, donde pasé la última semana del viaje, súper relajada y feliz, descansando de todas las aventuras vividas, paseando tranquilamente por el pequeño Utende, charlando con sus amables gentes, tomando alguna que otra birra en el bar local y disfrutando a saco de su increíble mundo submarino.

Beach House, mi casa en la isla de Mafia.
Esto es una de las cosas que más me gusta al viajar: encontrar un lugar en el que te sientes a gusto y pasar ahí un tiempo haciendo una rutina que te hace sentir parte del sitio, comprenderlo mejor, apreciar sus costumbres e intentar comprender con mayor profundidad su forma de pensar, algo que es más difícil cuando vas de paso por los sitios.

Aeropuerto de Mafia :-)
Tuve la suerte además de coincidir con el nacimiento de unas tortugas de mar en la isla de Juani, algo que ocurre pocas veces al año y que se puede ver gracias a Sea Sense, una ONG que trabaja en las comunidades costeras tanzanas para proteger especies marinas en peligro (tortugas, delfines, ballenas y tiburones ballena). Ellos avisan cuando saben que las tortugas van a nacer y se encargan de guiar a los turistas que quieran verlo a través de la isla explicando por el camino la forma de vida de los lugareños y la importancia de la concienciación tanto de éstos como de los turistas respecto a estas especies protegidas. Por fin, tras una larga caminata de más de 1 hora, pudimos presenciar una de las maravillas de la naturaleza: de pronto las enterradas tortugas rompen el huevo y escarban la arena hasta salir a la luz, donde su instinto les lleva a bajar hasta el mar, en el que nadarán durante 24 horas hasta encontrar un lugar a salvo donde crecer durante los próximos 3 años. Unos 30 años más tarde, las tortugas adultas volverán, al igual que hicieron sus ancestros durante siglos, igual que harán sus descendientes, a  poner sus huevos en el mismo lugar.

Tortuguita recién nacida, según sale del huevo enterrado en la arena cruza la playa hasta llegar al mar donde comenzará su aventura, isla Juani.

Todo lo bueno se acaba, así que aunque me habría gustado quedarme en Mafia unos meses para seguir desconectada del estrés que se vive en Occidente y además poder disfrutar de las ballenas e incluso poder bañarme con los tiburones-ballena, tuve que marchar. Ojalá algún día pueda volver a este lugar tan lejos del mundo. 



Curiosidades:

Al pasar por la isla de Juani escuchamos de pronto unos cánticos que, al acercarnos a ver, descubrimos era una fiesta loca donde las mujeres y niños del pueblo bailaban a ritmo de tambores y gritos para festejar bien coloridas el Eid.
Ni corta ni perezosa me uní al baile, para gran regocijo de estas gentes que expresan tanto a través de la danza.


Con mis nuevos amigos tras el intenso baile.
Por cierto que las mujeres en África... ¡se rapan la cabeza! es algo que no sé si hacen porque les gusta, por evitar el calor, por moda, estética o porque tienen el pelo destrozado de hacerse tantas trencitas de pequeñas... no lo sé, pero lo cierto es que suelen llevar la cabeza rapada y tener varias pelucas que se ponen según la ocasión.

Bailes de mujeres en la isla, suelen llevar pelucas o pañuelos que disimulan su cabeza rapada.

Thursday, November 08, 2012

ILHA DE MOZAMBIQUE

12.08.12 - 19.08.12



Callejuelas de la zona de piedra (Stone Town) de Ilha de Mozambique.
 
Bien de mañana de nuevo, dejamos Ibo en uno de esos barquitos que van cargados cual pateras para llegar casi al continente, y digo casi porque debido a la marea nos tuvo que venir a recoger un bote-taxi para acercarnos hasta la orilla. 


Botes-taxi.

PEMBA
12.08.12 - 14.08.12
Unas 4 h en chapa hasta Pemba, fácil si vas en el asiento del copiloto, jajaja. Flipamos con los precios del alojamiento aquí pero es que, según nos contaron, desde que se ha encontrado gas en la zona ha venido un montón de gente a currar y todo se ha encarecido mucho además de volverse más peligroso, por lo que te aconsejan no salir de noche solo con cosas de valor, y menos si estás en la zona de la playa que nosotras la verdad no pisamos porque teníamos 1 día en Pemba que queríamos utilizar para hacer papeleos, conectarnos a Internet y comprar vuelos a Dar es Salaam… sí, son caros, pero es que ni de coña íbamos a perder el tiempo subiendo otra vez por tierra y tuvimos suerte porque aún quedaban plazas en uno de los 2 vuelos semanales que une ambos lugares.


Las famosas "chapas" mozambicanas: esos camiones abiertos que muchas veces no tienen ni techo.
Una pena porque las playas de Pemba son impresionantes y su mundo submarino también, pero preferimos salir cuanto antes porque, desgraciadamente, no nos quedaban muchos días de viaje. Así que, una vez resuelto nuestro regreso a Tanzania, partimos de nuevo a las ¡¡¡4.00 am!!! en un bus hacia Nacala que, en lugar de las 5h que decían, nos dejó 8h más tarde en el cruce de Monapo donde enlazamos con una chapa que llegó sobre las 14.30 a la encantadora Ilha de Mozambique. 

Vistas desde Ilha de Mozambique con la marea baja.

ILHA DE MOZAMBIQUE
14.08.12 - 19.08.12
A pesar de ser más pequeña (la isla mide 3 km de largo y 500 m en su parte más ancha), Ilha cuenta con más habitantes (18000) y más turistas que Ibo, quizás por su cercanía al continente y al puente de unos 3.5 km que se construyó allá por los años 60 para unir ambos. 

Puente de 3.5 km que conecta Ilha con el continente.

Aún así, Ilha sigue siendo un lugar de relax, patrimonio de la humanidad por su preciosa Stone Town, formada por casas coloniales portuguesas en mejor estado que las de Ibo. Se ve más vida en Ilha, más bares, más hostales, más ambiente y eso hay gente a la que no le gusta tanto, pero nosotras pasamos unos días muy contentas ahí, paseando por las callecitas de arena, tomando algo en los bares locales o para "mzungus", charlando con los extranjeros que conocimos y aprovechando para hacer alguna que otra excursión en barco por los alrededores. 


De excursión en barco (dhow) por los alrededores de Ilha de Mozambique.

Flipamos con la cantidad de españoles que había, con los que nos reunimos a comer una deliciosa paella en casa de María José, catalana que nos contó que después de visitar la Ilha de vacaciones se enamoró del lugar y decidió dejarlo todo para empezar aquí una nueva vida con su hija, Cristina. Una pasada su casa, la verdad, preciosa aunque, para comprarla, tuvo que buscarse un socio local a cuyo nombre está el 51% de la propiedad, cosa que no es obligatoria fuera de Ilha, por eso Cris se compó una paiota (casa típica africana) en el continente. La verdad es que ellas están felices, montando una pequeña ONG y disfrutando de otro ritmo y otra vida que la que nos impone la sociedad en occidente. 

Españoles disfrutando de una riquísima paella en casa de María José.

Esto es una de las cosas que más me ha chocado durante el viaje, la cantidad de extranjeros que dejan todo para, con un par de narices, irse a vivir a un lugar tan diferente. ¡Qué envidia! Ojalá tuviera yo el valor para dejar todo y mudarme a un sitio donde se vive el presente, donde no se habla de la crisis y no te meten miedo constante en el cuerpo con las noticias… pero bueno, quizás algún día reúna el coraje para hacerlo, ¡no te asustes mamá que seguro que sería súper feliz! 

Feliz, de compras en Carrusca.

Paseando por la isla disfrutamos de los simpáticos lugareños que en cuanto sacabas una cámara en seguida querían que les hicieras fotos, posaban para ti y llamaban a sus colegas… ¡¡¡menudos corros de gente se me han hecho en Ilha!!! Todos felices al ver sus caras en la cámara, las mujeres sonrientes y los niños gritando como locos, cosa que ocurre en la parte de Stone Town, más turística, donde los chavales van incluso vestidos en plan moderno lo cual contrasta con las personas mayores que son más tradicionales.


Ancianos y niños, todos sonríen en Ilha.

Pero también en la menos visitada zona de "macuti", donde me metí un día a dar una vuelta y no pude avanzar más que un par de calles, primero bailé con un montón de niños que me hicieron corro, luego unas sonrientes mujeres me enseñaron cómo preparaban unos bollos que me dieron a probar y por cierto estaban riquísimos y por último un hombre me invitó a su casa, familia de sastres donde bajo una pequeña bombilla cosían 5 jóvenes, uno de los cuales quisieron casar conmigo. Mi enamorado de Ilha, un chico bien tímido que se sonrojaba al proponerme ser su esposa. 

Un grupo de mujeres cocinando en el exterior de su casa de "macuti" de Ilha, felices de que les hiciera fotos, insistían en que probara la comida que estaban preparando.
Interior de la casa de sastres a la que fui invitada en el "macuti" de Ilha y de la que salí con un tímido pretendiente (el de amarillo) con el que querían casarme.
Muy dulces todos, la verdad, una vida muy tranquila y feliz, porque lo que más me sorprende de allá es que la mayoría de la gente a pesar de ser pobre tienen siempre una sonrisa en la boca. 

Se hace difícil pasear por el "macuti" de Ilha, porque se hace un corro de gente alrededor que quieren hablar contigo o hacerse fotos o bailar.
Desde Ilha hicimos también alguna excursión en barco, a la famosa Cabecera Pequena, donde hay una increíble laguna que se forma al bajar la marea, quedando atrapados los peces en ella unas horas, ideal para hacer snorkell; encontramos además a unos chavales que trabajaban el coral para, después de quemarlo, hacer con él la pasta que se usa en las pagodas; paseando por el pueblo de pronto vimos una pizarra bajo un árbol y al preguntar a los niños nos dijeron que estaban… ¡esperando al profesor! Esa era la escuela del lugar. 

Hombres trabajando el coral para convertirlo en material para sus casas.

Escuela al aire libre de Cabecera Pequena.

De Cabecera Pequena partimos hacia Carrusca, una playa increíble donde aprovechamos para comer la langosta más grande que he comido en mi vida. Una excursión bonita, un día diferente, una vida tan distinta.

Comiendo una deliciosa langosta gigante en Carrusca con nuestros amigos los italianos, un ejemplo a seguir por su forma de vivir la vida, viajar con la mochila a la espalda y disfrutar de cada momento, además de por su incomparable amabilidad que veréis en otra entrada.

Así de grandes son las langostas de acá.

CURIOSIDADES:

Por fin terminó el ramadán, que estuvo acompañándonos durante un mes. En Ilha vivíamos en casa de una familia musulmana que el día antes de la gran fiesta de fin de Ramadán (Eid al-Fitr) trajo al patio un par de cabras que, ante mi sorpresa, sacrificaron delante de mis ojos: de pronto el padre de familia  saca un cuchillo, reza unas palabras y, mientras sus hijos sujetan a la cabra, de un buen tajo le corta el cuello. Flipé por todo: por la sangre fría a la hora de degollar a la cabra que gritaba, por la explicación del hijo que me miró irónico y me dijo que nosotros comíamos carne pero no queríamos enfrentarnos a la muerte y por el hecho científico de que la cabra siguiera pataleando durante al menos 3 minutos a pesar de que debía estar muerta.

Tras rezar con el cuchillo en mano, el padre de la casa donde nos alojábamos degolla a la cabra que ha comprado para festejar el Eid, la fiesta del fin de Ramadán.