Sunday, January 22, 2012

Viaje a La Casamance (Senegal)

30.12.11
Los paisajes entre Dakar y La Casamance no son muy vistosos, la verdad, ya que recorres horas y horas de planicies rojizas salpicadas por algún que otro poblado. Eso sí, de vez en cuando te encuentras con un vistoso campo de baobabs, típicos árboles africanos que famosos hizo Saint-Exupéry en su "El Principito".

¡Qué duro es levantarse a las 4 am para deambular en busca de un taxi! pero lo teníamos claro: queríamos ir a La Casamance, esa preciosa zona del sur de Senegal, llena de ríos, árboles, aves, delfines... a la cual algunos gobiernos te recomiendan no ir debido a su historia independentista salpicada de violencia.

La verdad es que nosotras no nos sentimos jamás en peligro en La Casamance, aunque, eso sí, por todas las carreteras hay recordatorios de la lucha: pequeñas barricadas hechas de neumáticos y ramas de árboles que te obligan a hacer slalom y en algunos casos parar ante puestos militares que revisan el coche llegando, en ocasiones, a demandar una cantidad de dinero del conductor para poder seguir camino; chequeo del equipaje de algún viajero (normalmente a los turistas nos dejan en paz) el que, si quiere recuperar todo, debe abonar la cantidad que acaban acordando; camiones llenos de militares armados hasta los dientes y algún que otro tanque. Suena horrible, pero la verdad es que no lo es, porque en realidad lo que están haciendo es controlar y abusar quizás de su cargo para pillar un pellizco de algo, pero en ningún momento te amenazan ni son violentos. Eso sí, cuidado con las fotos... no les gustan nada de nada y se enfadan mucho si les haces alguna.


"Aduana" a la Casamance que, por muy cutre que parezca, impone lo suyo, ya que los militares revisan maletas y viajeros al azar, demandando dinero cuando les parece oportuno. Y que a mi me resultó aterrorizante ya que el susodicho militar se me acercó corriendo con cara de pocos amigos gritando algo que me resultó incomprensible hasta que por fin comprendí que señalaba vehementemente la cámara de fotos que, poco precavida de mi, estaba usando... La verdad es que me sentí afortunada de no perder dinero, cámaras o fotos en ese momento.

Bueno, esta es la situación ahora, pero las navidades pasadas murieron unas 10 personas por el conflicto, de manera que ya suman más de 5000 muertos desde los años 80, cuando comenzaron las tensiones. Y es que La Casamance se siente desligada de Senegal, no sólo geográficamente (hay que cruzar otro país, Gambia, para llegar a ella) sino también políticamente, debido a que el gobierno del país está formado por representantes de varias etnias pero excluye a la mayoritaria de esta región, la Diola, que tiene su propia lengua (el diola o jula o yola), religión (tradicionalmente animista aunque hoy en día hay una mezcla con el cristianismo e islam) y costumbres típicas.


Dos niñas que conocimos en M´Lomp, pequeño pueblecito del centro de la Casamance, donde los lugareños son extremadamente sociables y cada vez que paras en cualquier lugar te hacen corro interesados en ti, para intercambiar sonrisas y algún baile.

¿Locas? ¿Aventureras? ¿Arriesgadas? Pues, sinceramente, no, simplemente decidimos dirigirnos a esta zona de Senegal porque muchos viajeros nos habían hablado muy bien de ella y la verdad es que nos encantó. Eso sí, ¡¡¡MENUDO INFIERNO DE VIAJE!!! Y es que debido a las fechas, el barco con el que llegar cómodamente a esta región estaba lleno, así que tuvimos que practicar el plan B: intentar pillar sitio en algún coche de los que salen diariamente de Dakar hacia la Casamance, que suelen hacerlo bien prontito para no pillar mucha cola en la frontera. Así que, tras el madrugón que nos pegamos, por fin a las 6 am logramos meternos junto con un italiano en la parte de atrás (asientos más incómodos normalmente reservados para los “tubabs”) de un Sept-Place o coche de 7 plazas más el conductor, que no, no os creáis que es un monovolumen enorme, no, es un simple coche en el que se viaja como sardinas en lata. Lo peor era la parte de atrás, donde ni siquiera te cabían las piernas, lo cual se lleva bien unas horas pero no las casi 12 que sufrimos de viaje. ¡Uf! qué horror, la verdad. Es un palizón, que no recomiendo a nadie que no tenga un montón de tiempo para gastar en Senegal ya que te tienes que levantar super pronto, en el coche no puedes dormir, estás incómodo, el paisaje es bastante aburrido, las carreteras-caminos son malillas, llenas de baches y polvo rojo y cuando llegas a tu destino estás tan echo polvo que al día siguiente no tienes energía para nada. Así que, si podéis no lo dudéis, pillad el barco.


Mis preciosas vistas durante las 12 h de viaje a la Casamance... tres espaldas y dos cabecitas a lo lejos, algo no demasiado atrayente pero que miraba sin cesar ya que los baches del camino evitaban que pudiera cerrar los ojos y dormir.


Cual sardinas en lata nos amontonaron en el Sept Place, y es que da igual si llegas el primero o el último, si eres Tubab, tu sitio es atrás.

Lo que sí que me pareció interesante es cruzar Gambia, y es que para llegar a La Casamance se atraviesa este alargado país vecino, ex-colonia inglesa que bordea el río del mismo nombre que hay que cruzar en ferry. Un gusto poder hablar con la gente en inglés la verdad, aunque tampoco pudimos ver el país, ya que simplemente lo cruzamos: doble frontera, doble pago y una cantidad de tiempo que se pierde entre papeleos, puestos fronterizos y ferry.


Cruzando en ferry el río que da nombre a Gambia, país alargado que corta a Senegal en dos. Horas de cola para poder subir al ferry, donde se comparte viaje con coches, camiones, personas y ganado por igual. Un respiro la verdad, donde poder estirar las piernas por un rato e incluso comer algo antes de volver a encerrarnos en el incómodo Sept-Place.

El Sept-Place nos dejó en Bignona, un cruce de caminos antes de llegar a la capital de la Casamance, Zinguinchor, ya que nosotros queríamos ir directamente a Abéné, a donde por fin llegamos en un bus local, completamente destrozadas, a las 9 pm.

Menos mal que conocimos a Karim en el bus, un simpático percusionista que nos acompañó con el taxi a un campament (albergue local cuyos beneficios van directamente a los lugareños) que estaba muy bien de precio y al lado de la playa: Le Casamar, un grupo de edificios bajos blancos en mitad de un jardín, donde te cuesta lo mismo alquilar una habitación sola que compartida (cosa por cierto bastante común en Senegal), así que cada uno escogimos nuestros espaciosos aposentos, en los que había varias camas a elegir para, por fin, descansar.


Nuestro amigo karim, a quien conocimos en el bus camino de Abéne, donde él vive. Karim, tras echarnos una mano para encontrar alojamiento, se convirtió en nuestro compañero durante todos los días que pasamos en su alegre y musical tierra.

Curiosidades:

Contraria a la idea del África seca, la Casamance está llena de inmensos árboles centenarios, sobre todo baobabs y ceibas, el orgullo de la tierra.

Bajo una Ceiba en la Casamance, árboles cuyas raíces forman auténticos laberintos en el suelo.

Sunday, January 15, 2012

Dakar I (Senegal)

28.12.11 - 30.12.11
Los primeros amigos que hice en mi primer día en Dakar, en la playa de Yoff.

Este año decidimos romper con el largo y frío invierno y escapar 2 semanitas a un lugar cálido donde desconectar de todo. Elegimos Senegal, porque no está muy lejos de España, porque no conocía el África negra y ya tenía ganas y porque todo el mundo me había hablado maravillas de este país, y la verdad es que no nos decepcionó.


Dakar:

A eso de las 2 am aterricé en la capital de Senegal y, dada la hora intempestiva de la llegada y debido a mi pereza sabiendo que los aeropuertos suelen ser lugares caóticos y estresantes, decidí reservar un hostal que hacía pick up del aeropuerto y así, aunque me saliera bastante más caro, evitaba tener que pelear y regatear con los taxistas y buscar alojamiento a esas horas. Así que nada más recoger el equipaje me encontré con Maxi, uno de los trabajadores del VíaVía, el hostal que había escogido para pasar las primeras noches en Dakar y que está cerca del aeropuerto y alejado del centro de la ciudad.

Y es que Dakar es una gran ciudad, algo caótica, cuyo centro sólo vi de pasada, y cuya área metropolitana se compone de varios "pueblos" en los que la vida es más tranquila y que fue donde pasamos la mayor parte del tiempo: N´Gor, Yoff, Parcelles y Camberén; cada uno con su carácter particular, distribuídos todos a lo largo de una interminable playa de arena blanca.


Yoff:

Aquí, en Yoff, está el Vía Vía, el hostal en el que pasé dos noches: la primera yo sola y la segunda con mi amiga Miriam que aterrizaba un día después y que, a pesar de ser algo caro, al menos tenía WIFI y podíamos hablar con los dueños en inglés (algo realmente útil si no se sabe francés) y con un staff super encantador que se desvive por ayudarte.


Encantadores niños de Yoff, con quienes pasamos un rato intercambiando sonrisas.

Nada más despertar por la mañana y tras el desayuno del hostal, corrí a echar mi primer vistazo a Dakar: el hostal se abre a un camino de arena de playa, donde me topé con 3 sillas a la sombra que acomodaban a 3 hombres leyendo el periódico, "Salam Aleikum" saludaron y con la respuesta "Aleikum Salam" alcancé una carretera asfaltada por la que circulaban coches destartalados, taxis amarillos y negros y carros tirados por burros; y, paseando por ahí, comenzó el baile de sonrisas: de dientes blancos, simpáticas, honestas, enormes sonrisas que me regalaban aquellos con los que me crucé, gente trabajando el metal, en la tienda, acarreando cestos sobre las cabezas, con niños a la espalda... dejé el asfalto para perderme por callejuelas de arena en las que se tiene sensación de pueblo y no de gran ciudad, lugar fotogénico, caótico, sí, pero como todo Senegal, muy limpio. Bienvenido a Yoff, una zona poco turística en la que se puede pasear con tranquilidad y, como en casi todo Senegal, con seguridad.


Gente sonriente que te saluda por las calles de los pueblos de Dakar.


Decidí echarle un ojo a la playa y me encontré con un largo estrecho de suave arena sobre el que rompen con energía las olas del Atlántico, casi vacía y muy tranquila, con una especie de zona con sombrillas separadas del resto por redes donde conocí a un par de lugareños que decían vivir en una cabaña ahí mismo y que me invitaron a tomar Tuba, el fuerte café local.

Lugar ideal si se quiere escapar del ruido de la ciudad, tumbarse en la playa relajadamente y ver de vez en cuando pasar un caballo tirando de un carro que va y vuelve de la punta de Yoff, a donde llegan los barcos de pescadores cargados de pescado fresco.

Tranquila playa de Yoff, interminables kilómetros de suave arena donde rompen las fuertes olas del Atlántico, por lo que poca gente se baña aquí, eso sí, hay gente que pasea o que hace deporte o que lleva el pescado fresco del puerto a cualquier otro punto de la ciudad en bucólicos carros de caballos.


Isla de Gorée:

Dejé la tranquila playa de Yoff para intentar organizar el viaje a la Casamance, sur de Senegal a donde se llega muy cómodamente en un barco cuyos tickets se compran sólo en el "embarcadère" de donde salen los ferries a la isla de Gorée, pero claro, sólo hay 2 barcos por semana y estando en navidad... me encontré con la mala noticia de que el siguiente barco estaba lleno así que tuve que pensar en un plan B.

Ya que estaba en el puerto, aproveché para tomar el ferry a la isla de Gorée, patrimonio de la humanidad, que se encuentra a unos 3km frente a Dakar y cuyo ambiente relajado y preciosas casas de tipo colonial hacen difícil imaginar su oscuro pasado en el que fue utilizada como mercado de esclavos durante más de 3 siglos: de 1536 a 1848, año en que Francia abolió la esclavitud.

Estatua en honor a la abolición de la esclavitud en 1848, recuerdo de un oscuro pasado que ojalá nunca se vuelva a repetir.

Durante este tiempo más de 20 millones de esclavos pasaron por la isla, gente que había sido capturada en cacerías que arrasaban las aldeas africanas, quemando sus casas, asesinando a los ancianos y atrapando al resto para ser tratados como mercancía en la isla.

Se conserva como museo una de las antiguas casas de esclavos, a la cual se traían los prisioneros para, en sus escalinatas, discutir sus precios con los comerciantes. El valor de las mujeres y los niños dependía de su dentadura y el de los hombres de su fortaleza, ninguno salía a la venta si no pesaba más de 60 kg, ya que debían ser lo suficientemente fuertes como para soportar el viaje en barco a América. Uno de los lugares más siniestros de la casa es el llamado "punto de no retorno", que era la puerta que daba al mar y desde la que embarcaban para ir a su nuevo destino, dejando para siempre atrás a familia y seres queridos.


Antigua casa de esclavos conservada hoy como museo en memoria de los más de 20 millones de esclavos con los que se traficó en la isla, objeto de miles de visitas turísticas, sobre todo de afroamericanos cuyas raíces desconocen pero saben que algún antepasado suyo debió cruzar ese punto de no retorno hace ya varios siglos.

A pesar de la carga histórica del lugar, la isla de Gorée es hoy un lugar muy relajado, con callecitas de arena, sin coches, lleno de gente sonriente, música por todas partes, casas de colores... un lugar donde por fin la gente vive en paz, eso sí, siempre recordados de lo que ocurrió años atrás por la estatua que conmemora el día de la abolición de la esclavitud.


Callejuela típica de la isla de Gorée: suelo de arena, arquitectura colonial y edificios de vivos colores de cuyas paredes la pintura se resquebraja.


Yoff:

Tras charlar con otros turistas, intercambiar consejos sobre el país y organizar un plan para poder llegar a Casamance, regresé al hostal a descansar, sabiendo que esa madrugada llegaba mi amiga y compi de viaje Miriam. Y es que, aunque Senegal es un país donde es fácil viajar sol@, a mi me gusta tener a alguien con quien poder compartir lo vivido, aunque debo reconocer que no es fácil encontrar un buen compañero de viaje y que es mejor viajar solo que mal acompañado, pero si se tiene a un compi perfecto, como era mi caso, el viaje se disfruta más.

Cuando despertamos por la mañana, decidimos cambiar de hostal a uno más económico en la punta de Yoff, un lugar que al principio echa para atrás porque parece el caos más absoluto comparado con las playas limpias en las que estábamos antes, pero al que poco a poco se le va encontrando su encanto. El hostal Poulagou es bastante nuevo y está muy cuidado y desde su terraza se puede disfrutar del ajetreo del puerto de pescadores, algo muy auténtico una vez que te acostumbras al intenso olor a pescado.


Vista desde la terraza del hostal que se encuentra justo en la punta de Yoff, donde faenan y comercian los pescadores.


Así que allá que nos bajamos, cámaras en mano, a dar una vuelta por entre los botes de pescadores y el mercado de pescado y, aunque la gente en principio parecía algo reacia a nuestras cámaras, poco a poco hicimos un corro de amigos con el que conseguimos comunicarnos a pesar de que nostras no sabíamos francés y ellos no hablaban inglés, pero logramos pasar un buen rato charlando, riendo y bailando. Yo incluso me casé con un hombre de mi edad quien, según le otorgué el sí, decidió ponerme a trabajar: ahí mismo me enseñó a triturar el pescado, cosa que empezó a crear mis dudas respecto a nuestro matrimonio, pero la gota que colmó el vaso e hizo que me divorciara de él inmediatamente, fue cuando me quiso mandar a casa con... ¡su primera esposa! vamos que ahí, ante gran pena general, puse fin a nuestro matrimonio.

De charla con los lugareños que en la punta de Yoff pasan el día, ya sea esperando a los pescadores a que vuelvan de faenar, comprando o vendiendo pescado.


N´Gor:

De la punta de pescadores de Yoff decidimos ir a relajarnos en la isla de N´Gor, un pequeño trozo de tierra a donde te lleva en escasos minutos una canoa, tranquilo lugar sin coches, con unas pocas casas e incluso tumbonas a alquilar.

Las playas del lado de Dakar son bastante tranquilas, hay varios puestos de comida en los que las lugareñas te cocinan en una parrilla el pescado fresco con arroz y patatas fritas, una delicia. El problema de este lado de la isla no son los lugareños que quieren charlar contigo, sino el flujo constante de hombres y mujeres que pasan con una cesta en la cabeza llena de artesanías del lugar que intentan venderte.

Miris y yo dándonos la buena vida en la isla de N´Gor, donde un plato de pescado recién sacado del mar, con sus patatas fritas, su arroz, salsas y ensalada no cuesta más que 2000 CFC, unos... ¡¡¡3 euros!!!

Conocimos a un chico que nos invitó a su casa en la isla y allá que fuimos, a una habitación llena de amigos fumetas que cocinaban erizos que habían sacado del mar. La casa estaba al otro lado de la isla, donde el mar rompe con fuerza y las enormes olas hacen imposible el nadar, convirtiéndola en lugar ideal para surfear.

De la isla salimos ya de noche, pero nada más bajar de la canoa, se nos acercó un chico que nos llevó a dar una vuelta por el dulce pueblo de N´Gor, uno de los más bonitos que he visto en Dakar, la verdad, aunque con el alojamiento más caro también: pequeñas callejuelas de arena serpentean entre casas blancas, por las que te cruzas con sonrientes lugareños mientras suenan los cánticos de la mezquita, te encuentras con el gran baobab, árbol tan sagrado que incluso a los muertos los entierran bajo un campo de baobabs que hay en mitad de este laberinto.

Cementerio de N´Gor, sobre los restos de los fallecidos crecen los sagrados Baobabs.

Pero lo mejor de todo fue cuando escuchamos tambores y decidimos acercarnos a ver qué pasaba y nos encontramos con una plaza llena de mujeres super arregladas: con trajes de vivos colores, las caras maquilladas y pelucas escogidas especialmente para la ocasión (al parecer en Senegal las mujeres llevan en su mayoría la cabeza rapada y tienen varias pelucas para cada ir cambiando de estilo). Señoras mayores, jóvenes y niñas por igual, estaban colocadas en círculo a un lado del cual había 4 hombres tocando diferentes instrumentos de percusión, y según iban sintiendo la música, se levantaban y salían a bailar frente a los djembés como si entraran en trance. De verdad que no he visto algo así en mi vida, una fiesta de mujeres, libres, sin prejuicios, sin intentar impresionar a nadie, una fiesta entre ellas y para ellas, como los antiguos akelarres de las brujas de la edad media, un momento super especial del que en seguida nos hicieron partícipes, instigándonos a bailar con ellas, cosa que me atrevía a hacer con mucha vergüenza porque de verdad que cómo se mueven las mujeres, es algo que te deja boquiabierta. Qué ritmo, qué pasión, qué poderío. Una suerte poder vivir este momento, la verdad, un privilegio participar en algo tan íntimo, algo que nos hizo ser conscientes de la fuerza de la mujer senegalesa, derrumbando nuestra idea preconcebida de que en una sociedad musulmana la mujer queda relegada a un segundo plano, para nada, aquí la mujer es alta, guapa, esbelta, baila sensualmente y con fuerza.

Las mujeres de Senegal son fuertes, sensuales, con una gran energía, estilo y forma de moverse y bailar que deja boquiabierto a cualquiera.


Cuando se terminó la fiesta, salimos a un bar cercano donde los chicos que allí había nos invitaron a compartir el pescado que ellos estaban comiendo: un pez enorme con patatas del que comimos todos. Y es que al parecer aquí en Senegal la comida siempre se ofrece y comparte. Con ellos estuvimos un rato bebiendo cervezas, excepto con los musulmanes que no beben alcohol, hasta que decidimos ir a descansar porque bien prontito antes de que comenzara el nuevo día teníamos que levantarnos para poner rumbo a la Casamance. Y, como caballeros que son, los chicos nos acompañaron a buscar un taxi que nos llevara a Yoff y no nos pidiera un precio desorbitado por ser TUBAB, o extranjeras blancas.

Típica calle del pueblo de N´Gor, con puestos para comprar pan, bebida o comida a los que se llega tras caminar por un laberinto de estrechas callejuelas de arena de playa. Poca iluminación, muchos oscuros recovecos... yo pensaba "ay cómo me vea mi madre se muere del susto" pero en ningún momento te sientes en peligro, y es que debo recalcar que Senegal es un lugar SUPER seguro donde la gente te intenta ayudar y no hacer mal.

Buena noche fue esta, nuestro primer contacto con Senegal, un país que nos enamoró ya desde el primer momento.

Curiosidades:

La verdad es que nos han sorprendido las sonrisas de los lugareños, no sólo por su amplitud sino por su blancura. Y es que tanto aquí como en la India, la gente se lava los dientes con unos palos especiales de neem que son, sin lugar a dudas, super efectivos ya que poca gente tiene caries.

Tras el tipo más cool de la playa, se puede ver a lo lejos la pequeña isla de N´Gor. Lo que lleva en la boca no es tabaco sino un trozo de madera de neem que utilizan en Senegal, al igual que en la India, para lavarse los dientes con impresionantes resultados, y es que los deja blancos y relucientes.

Por cierto que según os bajés en cualquier sitio medio turístico en Senegal, algún lugareño se acercará a preguntar dónde váis, charlar un rato, hacerse amigo tuyo para, después, seguirte y darte compañía durante... ¡¡¡el resto de tu viaje si le dejas!!! Este chico nos saludó al llegar a la playa de N´Gor y ya quería venirse con nosotras al otro lado y pasar el día en plan amigos, otros nos ofrecieron venirse al sur, a la Casamance, con nosotras y hacer de guías durante los próximos días ¡¡¡como si hicieran falta guías!!! y realmente es una forma de vida aquí, ya que la gente no tiene mucho trabajo y prefieren acompañarte y quizás a cambio se den una vuelta por sitios que no conocerían si no, coman bien, echen un polvo o saquen algo de pasta... no hay que enfadarse, simplemente ser muy claras y decir que no quieres que te acompañen, gracias.

Wednesday, August 25, 2010

Cusco, Machu Pichu y Pisac (Perú)

04.08.10 - 09.08.10
Primeros rayos de sol aparecen tras las montañas justo antes de calentar la ciudad de Machu-Pichu.

Perú es un país increíble, paisajes de flipar, gente encantadora, precios... algo caros la verdad.

Llegamos a Lima y salimos directos a Cusco en un vuelo que deja boquiabierto: los Andes se elevan sobre las nubes que descansan todo el invierno -nuestro verano- sobre Lima, enormes picos, nevados en algunos casos, y profundos valles, descubierto todo de vegetación, rojos, marrones, amarillos, paisajes desiertos en los que de pronto se observa un pueblo aunque nos es imposible imaginar la vida en un lugar tan árido. Un vuelo muy recomendable, a la izquierda del avión por supuesto, un vuelo que termina en algún lugar del altiplano a unos 3400 m de altitud, en la encantadora ciudad colonial de Cusco.


Vistas desde el avión de Lima a Cusco, lado izquierdo, increíbles montañas nevadas y terrenos inhabitados y nubes y glaciares... la fuerza de la naturaleza te deja boquiabierta.

Cusco:
04.08.10 - 09.08.10

Cusco, callejuelas empinadas que escalan las laderas de las montañas y que dejan sin aliento a los recién llegados ya que la falta de oxígeno hace que cada paso requiera de un gran esfuerzo, el corazón te late más rápido y parece que no te llega aire a los pulmones, así que al principio hay que tomárselo con calma. Lo peor del mal de alturas no es el cansancio sino que hay a quien le da por vomitar, otros (como es mi caso) sufren de dolores de cabeza constantes y la mayoría no podemos pensar con claridad, así que el soroche es un malestar que todo viajero intenta solucionar con pastillas que se pueden comprar para el mismo o con coca, planta que se puede beber en infusiones de mate o que se puede masticar junto con una piedrita negra que aumenta su efecto y que adormece un poco la boca y despierta como un café, pero no tiene efectos adictivos como su derivado la cocaína.

Un "tico" es un taxi pequeñito, más barato que los grandes y bastante manejable por las estrechas callejuelas de Cusco, ciudad donde da la impresión de que 3 de cada 4 coches son un taxi. Y es que el petróleo no es barato en Perú por lo que los lugareños no suelen tener coche propio sino que utilizan el taxi como medio de transporte por la ciudad ya que además no son nada caros.

En Cusco disfrutamos del mercado central, donde se pueden comprar ropas, frutas, verduras e incluso batidos y comidas bien baratas en unos puestecitos cuadrados en cuyo interior cocinan los menús del día y alrededor de los cuales los lugareños se sientan a comer deliciosos platos y es que la comida en este país está riquísima y es muy variada. Curiosamente encontramos en el mercado una tienda chamánica, que vendía ayahuasca, San Pedro y otras plantas alucinógenas que aquí son legales y que algunos hostales ofertan su consumo en algún lugar alejado en mitad de las montañas donde pasar la noche guiados con un chamán.

Plaza de Armas de Cusco, donde se eleva la catedral y los lugareños se juntan a charlar.

Una ciudad donde se puede pasar largo tiempo ya que hay muchas zonas por las que pasear, de entre las cuales nosotros disfrutamos sobre todo del bohemio barrio de San Blas, y unos alrededores llenos de ruinas que visitar. Turística, sí y cara también, pero tiene un gran encanto, los lugareños reunidos en la plaza, los chicos que salen del cole, las callecitas empinadas, los "ticos", las mujeres que traen sus artesanias a vender, las niñas y niños que vienen de los alrededores con sus alpahacas para que los turistas se hagan fotos con ellos y si quieren les den algo de dinero, ya que esa es su forma de ganarse la vida, de ayudar en casa, pero nunca -como he visto en otros países- exigiendo ni con malas caras, una pena sí, porque deberían estar en el colegio o jugando, pero quién sabe la situación que tienen en casa.

Niña que encontramos en la plaza del barrio de San Blas, con su alpahaca, vestidita con el traje típico para ver si algún turista quiere o no hacerse una foto con ella.

Machu Pichu:
06.08.10 -  07.08.10

La verdad es que de todas las ruinas a visitar sólo fuimos a ver Machu Pichu, para lo cual se puede uno organizar por su cuenta o ir con un tour, nosotros por falta de tiempo escogimos lo segundo a pesar de que va en contra de nuestra forma de viajar habitual, pero como no podíamos pensar con claridad nos dejamos llevar por el taxista que nos llevó al hostal de su familia al llegar a Cusco y que resultó organizar también tours... en fin, que salimos de Cusco en un coche compartido con otros peruanos a una ciudad llamada Oyantaitambo, unas 2h de viaje de llorar de bonito, una pasada de verdad, pequeños pueblecitos que cubren el altiplano, terrenos amarillos y rojizos en los que pastan llamas y vacas y por los que pasean lugareños ataviados con los típicos sombreros peruanos que parecen sacados del siglo XIX...


Paisajes de los que disfrutamos en el viaje entre Cusco y Machu Pichu.

Y es que aquí siguen de moda los bombines de estilosos colores que suelen cubrir las cabezas de las mujeres de las que cuelgan 2 largas trenzas negras decorando las chaquetas de lana que cubren las blancas camisas que meten en faldas de tablas que al agacharse dejan ver blancas enaguas, leotardos de colores y zapatos o sandalias. Es curioso ver cuánta gente viste aún al estilo tradicional, sobre todo en las zonas rurales, mujeres y niñas por igual, a menudo coloreadas con las vistosas mantas que tejen aquí y que les sirven de mantillo o para acarrear bebés y papas.

Vestimenta típica de las mujeres de los pueblos del altiplano peruano: faldas, chaquetas de lana, sombreros y sandalias (con o sin leotardos), siempre tocadas con mantas de colores a la espalda.

De Oyantitambo tomamos el tren que va a Aguas Calientes, ciudad al pie de la montaña donde se encuentra Machu Pichu, unas 2h de viaje en el Vista Domme, 40 $ por un vagón que lleva incluso el techo acristalado para poder disfrutar del paisaje de montañas y vegetación que cada vez va haciéndose más intensa, ya que Machu Pichu está en lo que aquí llaman "ceja de selva".

El tren más caro en el que he montado... 40 $ por una hora de viaje, eso sí, te dan un snack y puedes incluso ver el cielo estrellado...

Llegamos a Aguas Calientes ya de noche, y allí había un hombre con un cartel con nuestro nombre, esperándonos para llevarnos a un hostal donde pasar la noche para salir bien temprano a las ruinas. Pero al salir a dar un paseo por la turística ciudad, nos encontramos con los huelguistas, que una vez más en el Perú están luchando para que el gobierno no venda a compañías extranjeras sus tierras para explotar los recursos de las mismas. Ya hace 2 años en el amazonas viví la misma experiencia: los indígenas se levantaron en armas y cortaron los ríos -única forma de transporte allá- para pedir que no se vendieran sus tierras para sacar el petróleo, pero no sirvió de nada. Hoy la historia se repite, hombres y algunas mujeres dejan sus hogares para andar kilómetros y kilómetros cortando carreteras para pacíficamente hacer que el gobierno les escuche y evitar que el precio que ellos pagan por el gas sea de los más altos del mundo cuando este gas se extrae de sus tierras. Triste historia porque creo que ya conozco el final: nada. Esperemos que me equivoque pero veo un futuro negro para estas gentes a no ser que el año que viene tengan suerte y salga un gobernante nuevo que no intente enriquecerse él sino ayudar de verdad al pueblo peruano que como se dice aquí "Perú es un mendigo sentado en un banco de oro".

Manifestantes en la plaza de Armas de Cusco, luchando porque su gobierno no venda sus recursos a multinacionales extranjeras que los exploten y se los re-vendan a ellos a precios inasequibles.

De Aguas Calientes mucha gente sale bien pronto y sube andando al Machu Pichu, unas 2h de caminata bien empinada que hay que hacer para llegar a la cima antes de las 5.30 am y así ser uno de los 400 primeros en entrar, ya que sólo este número de personas son admitidas en Wayna Pichu, la montaña joven que se encuentra frente a Machu Pichu o montaña vieja y desde la cual se tienen impresionantes vistas de las ruinas de la ciudad, eso sí, tras subir 2700 escalones por una montaña empinada que no es tarea fácil y menos si se ha levantado uno a las 3am para subir hasta la entrada de las ruinas. Nosotros fuimos más vagos y decidimos subir en un autobús que lleva de Aguas Calientes a Machu Pichu, aproximadamente media hora de viaje subiendo por un camino de arena serpenteante por el que no caben 2 autobuses hasta llegar a la cumbre de las montañas y entrar por fin en Machu Pichu, cuyo nombre e historia no se conoce realmente ya que los incas no tenían tradición escrita, por lo que a principios del s XX un americano -Hiram Bingham- redescubrió esta ciudad con ayuda de los pastores que por ahí vivían y le dio el nombre de la montaña en la que se encontraba, Machu Pichu. Ruinas que se encuentran en la cima de las montañas, a unos 2400m, rodeada de verdes y picos montañosos y a donde llegamos a ver la salida del sol, espectacular visión del lugar, precioso y muy especial, no me extraña que sea una de las 7 maravillas del mundo.

Descansando en una de las praderas de Machu-Pichu, disfrutando de los rayos de sol que poco a poco se van colando por entre las montañas.

Parte del pack que cogimos incluía un guía que nos explicó de forma amena la historia y función de la ciudad, 2h de paseo por las ruinas y mucho sol me llevaron a encontrarme fatal: me tuve que esconder entre la vegetación para vomitar, nauseas que no se pasaban hasta que un guarda me encontró y me trajo una planta medicinal -muña- que crecía por ahí y con ella fui capaz de llegar hasta la salida de este precioso lugar para tumbarme en la camilla del doctor y pasar allí 1h y media intentando no vomitar las pastillas que me dio para recuperarme... vaya experiencia de verdad, estar en uno de los sitios más bonitos del mundo y sólo querer estar en mi cama... en fin, debió ser por el sol más que por el mal de alturas, quizás una fuerte insolación, pero no lo sé, sólo sé que cuando por fin me hicieron efecto las pastillas, tomamos un mate de coca y cogimos el bus y el tren de vuelta a Cusco por fin, donde pude descansar y recuperarme.
Justo antes de ser golpeado por los rayos de sol, que empiezan a sobrepasar los picos de las montañas, hace algo de fresco en Machu-Pichu, cuya zona residencial se puede ver detrás de nosotros, coronada por el pico del famoso Wayna-Pichu o montaña joven.

Pisac:
08.08.10

El domingo dicen que merece la pena visitar Pisac, a donde llegamos tras pasar 1h de pie en un bus local, y donde flipamos con los colores y olores del mercado, tanto que pasó el tiempo sin darnos cuenta y no pudimos visitar sus ruinas... sinceramente, no me importa porque Pisac ha sido sin duda uno de los lugares más auténticos de Perú, con sus callecitas por las que pasan lugareños con sus telas de colores atadas a la espalda, bien llenas de los alimentos que han comprado en el mercado que se establece en la plaza principal donde los campesinos traen sus productos: frutas, verduras, artesanías y, como no, zumos y comidas. Como siempre el mejor lugar para comer en Perú es el mercado, donde una "mamita" te prepara algo sencillo con ingredientes de la mejor calidad, alimentos frescos y de temporada, menú abundante y barato.

Dos lugareñas haciendo la compra en el mercado de Pisac, donde los agricultores traen sus productos a vender y se pueden ver diferentes sombreros y faldas dependiendo del lugar del que cada una sea.

Lo mejor del mercado de Pisac no es lo que venden, sino las gentes que a él acuden: mujeres con sus coloridas faldas y estilosos sombreros, cuya forma determina la región de la cual es cada mujer, y hombres de caras angulosas tocados también siempre por sus clásicos sombreros. Aunque conocen el español, hablan quechua entre ellas, de sonrisa tímida, algunas tejiendo, otras hilando lana, algo que no veía desde Laos: cómo estas mujeres hacen hilo a partir de un matojo de lana de oveja o llama o alpahaca, hipnótico la verdad el movimiento de sus manos, el girar de la especie de peonza que va poco a poco engordando con el recién formado hilo.


Dos mujeres de Pisac, realmente es como dar marcha atrás en el tiempo ya que en muchas cosas Perú nos recuerda a España hace unos 50 años, aunque en muchas otras las costumbres sean diferentes, pero siempre hay similitudes, la primera el idioma, que hace posible que puedas conversar con la mayoría de las personas con las que te cruzas.

Así que tras explorar el mercado y observar a todos los que a él se acercan de los pueblos de los alrededores a comprar y vender mercancías, decidimos sentarnos en una calle a ver la película que ante nosotros se desarrollaba: vendedoras enfrente nuestro, azuzadas amablemente y sin mucha insistencia por los policías a que se fueran a vender al mercado; un hombre con un porta-dvd en el que mostraba dibujos animados argentinos que atraían a niños y adultos por igual, un corro se formaba a su alrededor, pero nadie quería comprar; dos mujeres que se paran a comprar verduras mientras conversan; una señora mayor que se queda dormida; otra que te mira atenta; un niño que se acerca a ti curioso; faldas, enaguas, sandalias, sombreros, mantas de colores de entre las que cuelgan los pies de una niña dormida... muy pintoresco la verdad, por lo que pasamos un buen rato en la calle sentados y cuando nos íbamos la anciana de enfrente nos llamó a charlar con ella, aunque su español era como de otra época, más allá de la era que marcaban sus arrugas, una señora dulce, sonriente y bien cariñosa con la que despedimos un día muy especial.

Anciana sentada frente a nosotros en una de las calles de Pisac, que nos quiso saludar cuando decidimos marchar con mucho cariño y con un español difícil de entender. Dulce doña.


Curiosidades:

La bandera de los pueblos indígenas unidos es una bandera formada por cuadraditos de colores, tantos como los del arcoiris. Esta curiosa y bonita bandera nos llamó la atención y en Cusco la portaba un grupo de revolucionarios que no eran parte de los huelguistas sino que eran más radicales ya que en cuanto me vio haciendo fotos, el que tenía el altavoz se puso como una fiera a llamarme extranjera que le quito las tierras... una pena porque intenté dialogar con él para que comprendiera que no todos los extranjeros apoyamos la política de venta de sus recursos y que sólo son una minoría de multinacionales las que se benefician con ello, pero no escuchó ni mis palabras ni las de una peruana que por ahí pasaba y que se acercó a echarle la bronca al chico por asustar a los turistas que son gran parte de su fuente de ingresos.


Bandera de los pueblos indígenas unidos, anterior incluso a la época de la invasión española. Bandera que hemos visto también en Bolivia, de bonitos colores que recuerdan al arcoiris. Manifestantes algo radicales con los que tuve un encuentro algo tenso...



Tuesday, September 22, 2009

Bylakuppe (Karnataka, India)

Mujeres y hombres tibetanos dando vueltas alrededor del templo, algo que sucede cada día al caer la tarde, momento que aprovechan para meditar.

Bylakuppe: (25.08.09)

A unas 2 horas y media de Mysore en autobús se encuentra este lugar tan especial, y es que este es uno de los mayores asentamientos de tibetanos en el exilio del mundo. Al parecer hace años el entonces rey de Mysore, viendo los problemas que tenían los tibetanos por culpa de China que los estaba (y sigue) masacrando y aniquilando como cultura (ya que en Tibet no les dejan aprender su idioma, ni profesar su religión, ni expresar su opinión), decidió concederles un terreno en este estado, al cual han ido viniendo tibetanos desde entonces y haciendo de él un lugar fértil y limpio y no caótico como el resto de India, por lo que es muy curioso venir a visitarlo, ya que parece que entraras en un país diferente a la India, ya no hay vacas por las calles, ni plásticos tirados por todas partes, sino que se ven verdes campos cultivados y las típicas banderas de rezos de colores que decoran el camino entre árbol y árbol.


Calle típica de Bylakuppe, con casitas bajas, calles limpias y monjes tibetanos por doquier.

En Bylakuppe hay además varios monasterios en los que cientos de niños y jóvenes estudian la religión budhista, y es un placer venir a visitarlos, ya que las calles están repletas de túnicas color vino y azafrán, sonrisas constantes, una universidad y un montón de ritos religiosos que son un lujo de ver. Nosotros pasamos un día en el lugar, paseando por sus calles, charlando con los lugareños que son la gente más sonriente del mundo entero, una gente a la que si le preguntas te explica cómo han llegado hasta aquí, la historia de su difícil y dolorosa huída de Tibet, que ya comenté anteriormente en el blog en esta entrada, historias que te ponen los pelos de punta, chavales de 6 años que han sido enviados por sus familiares para que tengan la posibilidad de vivir en libertad, a pesar de que quizás no les vuelvan nunca a ver... pero siempre con una sonrisa en la boca, ya que son felices de poder tener este lugar en el que practicar su tradición, aprender su historia, evitar que todo se pierda en el olvido.

En clase: los niños recitan acompañados por el sonido de las trompetas.

Es una experiencia inolvidable el escuchar a los niños aprender las lecciones del Budha, todos sentados dentro del templo, con esos libritos hechos de hojas sueltas agarradas por una cinta a un par de tablillas de color azafrán, tocando los bongs y los instrumentos de viento que parecen como cuernos largos de los que salen unos sonidos graves, niños que cuando te ven te sonríen o se ríen a carcajadas como si fueran los más felices del mundo. Y los jóvenes igual pero en un templo más grande, decorado con estatuas doradas gigantescas de budha y tiras de tela de colores que caen del techo, cientos de estudiantes con sus túnicas color vino sentados en el suelo en hileras mientras recitan los textos, sonidos mántricos que te hacen vibrar y sentirte en paz con el mundo, en paz contigo mismo.


En el templo: los jóvenes pasan algunas horas del día recitando de sus libros, es una pasada escucharles a todos a la vez, dejarte envolver por los sonidos mántricos.


Y, tras los cánticos de la tarde, viene una de las tradiciones más curiosas de los estudiantes tibetanos: la hora de la dialéctica. Todos los estudiantes salen a las praderas y se colocan por cursos y cada curso tiene que aprenderse unos textos de las enseñanzas del Budha, así que lo que hacen es ponerse por parejas, así uno de la pareja se sienta y le lanza una pregunta al que está de pie, quien debe contestar a la pregunta rápidamente y sin dudar, dando una palmada cuando finaliza su argumento que el que está sentado acepta o contradice. Así que durante algo así como 1h se ven las verdes praderas coloreadas por las túnicas de los monjes que van gritando sus respuestas y dando palmas a destiempo. Es algo bastante curioso de observar la verdad.

La dialética: un estudiante (sentado) lanza una preguntasobre las enseñanzas del Budha a su pareja, quien reponde fervorosamente, acabando su argumento con una sonora palmada.


Así que pasamos nuestro día en Bylakuppe participando un poco de la vida de esta gente tan carniñosa, a la que no puedo por más que admirar. La verdad es que nos hubiera gustado quedarnos más tiempo pero teníamos que volver a Mysore para volver a casa... aún así nos dio tiempo a conocer el asentamiento tibetano, hacer algunas compras y comer su delicioso momo (bolas de una pasta muy fina que rellenan de carne o verduras), además de conocer a unas chicas que habían pasado ahí un mes dando clases de inglés a los estudiantes como voluntarias de una ONG y que estaban encantadas con la experiencia vivida.

FREE TIBET

Típico templo budhista que se encuentra aquí, en Byalakuppe.

Saturday, September 12, 2009

Mysore (Karnataka, India)

Típica calle de Mysore, de casas bajas, de colores, al estilo colonial, donde se colocan los vendedores apilando su mercancía.

Mysore: (21.08.09 - 26.08.09)

Una de las ciudades del sur de la India con mayor encanto sin duda alguna, y no sólo por su famoso palacio, que iluminan una vez a la semana durante media hora con miles de bombillas colocadas alrededor de su fachada, sino por el ambiente de sus calles, sus mercados ancestrales, sus artesanías y sus edificios de estilo colonial.

Al caer la noche los lugareños aprovechan el fresco para sacar la mercancía y, tras colocarla bien organizada en esterillas en el suelo, tratar de venderla.

El "famoso" palacio de Mysore, cuya fachada se ilumina 1 vez al mes utilizando para ello miles de bombillas cutres de las que tenemos en casa. 

La verdad es que Mysore nos encantó, sobre todo porque es una de esas ciudades de la India tan fotogénicas: gente trabajando como se hacía en Europa hace siglos, mercados llenos de verduras, vacas, colores, inciensos, especias, vendedores hindúes o musulmanes, mujeres coloridas con preciosos saris junto a otras vestidas con el negro burka, edificios con personalidad, el mercado de carne donde se degüellan los animales frente a tí, mientras sus restos se van apilando en montañas enormes sobre las que se posan pájaros negros, delgados hombres vestidos con un simple dhoti y una camiseta de tirantes que arrastran enormes carros llenos de bananas, templos aquí y allá, pequeños establecimientos de chai... y, como ocurre en general en la India, donde cualquier persona va a estar encantada de que le hagas una foto. ¿qué más se puede pedir?


Haciendo incienso, a mano, para después venderlo.


Joven y orgulloso carnicero.

Además que nos alojamos en uno de los mejores hoteles de todo el viaje, un lugar con un encanto muy especial, ya que es un hotel construído en los años 40 y que aún conserva todos los muebles de entonces, y muchos de los trabajadores de aquella época también. Yo creo que es la primera vez que tenemos servicio de habitaciones y el periódico introducido cada mañana por la puerta, un auténtico lujo para nosotros la verdad. Un hotel con mucho carácter y con unos empleados encantadores, que nos invitaron a celebrar con ellos la festividad de Ganesh, famosa en la India entera y que consiste en llevar al dios Ganesh (el elefante) a una habitación de la casa (en este caso del hotel) y hacer una puja o celebración religiosa en la que unos brahma cantan, dicen unas palabras al dios, le pasan incienso y fuego por delante, en una ceremonia que dura entre media y 1h, y que es muy curiosa de observar, ya que no sólo están los brahma cantándole a una figura que es un elefante, sino que el resto de los asistentes están con cara muy devota y las palmas de las manos juntas ante el pecho en gesto de rezo, alabando a la figura del elefante, al que le han puesto cientos de adornos, guirnaldas, luces y comida. Al final, como en todas las pujas, se coloca un punto rojo sobre los asistentes a los que se ofrece una comida que es sagrada, ya que la ha bendecido el dios. Un evento curioso, que culmina varios días más tarde con la entrega del elefante al río... parte que nos perdimos al dejar la India antes del día señalado.


Nuestro súper hotel en Mysore, una reliquia de los años 40 que te hace sentir en esa época.

Ritos y ofrendas a Ganesh, el dios-elefante.


Pero durante esos días hay gran jolgorio por las calles, así que en cualquier momento te puedes encontrar con un grupo de gente cantando mientras pasean a Ganesh a sus hombros. La verdad es que fue muy gracioso porque nosotros nos cruzamos con un grupo de hombres que como locos bailaban en plan trance al ritmo de tambores y flautas frente a su elefante y, un amigo alemán (Thilo) y yo, decidimos unirnos mientras Jordan nos grababa, y claro la que se montó fue increíble... no sé si ha quedado claro que son los hombres y no las mujeres los que llevan a Ganesh de paseo y los que bailan como locos a su alrededor, así que os podéis imaginar la pasión que levantamos... madre mía qué locura y frenesí, yo aproveché para no sentirme intimidada por todos los hombres danzantes y cogí a un travesti que había y bailé con él todo el rato, pero cada vez se unía más y más gente a mirarnos, incluso se acercaron periodistas indios a hacernos fotos... menuda experiencia, de verdad, no me extraña que los hindúes sean capaces de meterse hierros por el cuerpo sin sangrar ni sentir dolor porque de verdad que entran en trance en ocasiones como esta.

Niñas sonrientes musulmanas.

Niños sonrientes.


En Mysore hay muchos turistas, quizás por su encanto como ciudad, quizás por sus artesanías y sedas (famosas en la India entera por su calidad, aunque su precio no es tan barato como en otros lugares, la verdad es que son muy bonitas y mucho más baratas que en Europa). El caso es que al ser un centro turístico, la comida está occidentalizada en muchos restaurantes y es fácil hacer amigos. Nosotros acabamos formando un grupo muy majo: una pareja francesa (Gilles y Annie) en sus 50, muy liberales (no estaban casados a pesar de que en su época era algo casi impensable el no casarse), que habían viajado un montón (aprovechan que sus hijos son ya teenagers para dejarles con los abuelos y darse sus viajecitos) y que eran un encanto; un alemán (Thilo) de unos 30tantos que viajaba solo y que era super divertido además de un idealista que está haciendo una web desde la que se puedan interrelacionar diferentes ONGs y diferentes acciones y movimientos para mejorar el medio ambiente; y unos primos franceses de unos 20tantos que nos dejaron con la boca abierta: él (Franck) terminó su carrera y decidió coger una bici y ponerse a pedalear a ver si lograba llegar a Pekín, había salido de Notredam el invierno pasado y llevaba ya 9 meses sobre su bici, así que os podéis imaginar las historias que tenía para contar; y su prima (Krystel) que había decido el mes de vacaciones que tenía unirse a él que ya estaba en la India, y así estaba ella ya finalizando este mes y super feliz y contenta de las experiencias vividas.

Cena con nuestros encantadores amigos.

Debo decir que ninguno de los 2 montaban mucho en bici antes, y que ambos dicen que te acabas acostumbrando. Además, él se había propuesto no gastarse ni 1 euro en alojamiento, por lo que o le ofrecen un lugar donde dormir o duerme en su tienda de campaña o en el duro suelo de un templo (como le ocurrió en Hampi, donde le conocimos), aunque su prima no era tan hardcore y al si no encontraba alojamiento gratuito se buscaba un hotel, aunque decía que se sentía mal yéndose a dormir a un hotel y dejando a su primo por ahí... claro que ésto no ocurría a menudo ya que normalmente siempre encontraba a alguien que le acogía en su casa. De entre todas las historias que nos contaron, quiero destacar que Franck hacía mucho, mucho, hincapié en la hospitalidad del pueblo iraní, al que ha cogido un cariño tremendo, y que al parecer son de lo más simpáticos y majos del mundo entero, a pesar de la situación de inestabilidad que están pasando. Es curioso que siempre los más pobres sean los más hospitalarios, es curioso que la gente sea así de bondadosa, ¿acogerías tú a un ciclista que te encuentras por la calle en tu casa? ¿y si además no entiendes ni palabra de lo que dice? La verdad es que Franck nos contó que le ayudaban mucho las fotos que llevaba consigo de su familia, ya que cuando otras familias veían que tenía hermanos, una madre, un montón de amigos y primos que fueron a despedirle a Notredam con la bici... pues entiendan o no el idioma, comprenden las imágenes.


Franck y su prima, dando pedales por la India.
En fin, que siempre me quedará un buen recuerdo de Mysore, una ciudad llena de cosas que comprar, de gente que conocer, de fotos que tomar. Pero, sobre todo, de las experiencias que allí vivimos, y de las historias de la gente que conocimos. Os animo a todos a que viajéis, de verdad, porque es la mejor forma de aprender sobre otras gentes, culturas y formas de entender el mundo, especialmente con vuestra mochila a la espalda y la guía en un bolsillo, construyendo el viaje poco a poco, paso a paso, sin tenerlo todo planificado desde el principio, viviendo la aventura de cada día y esperando a ver qué me deparará el día siguiente. Y si alguien se siente más valiente todavía, que siga el ejemplo de este chico, cuya página web dejo a continuación, aunque no creo que esté muy actualizada ya que es muy difícil mantener un blog mientras se viaja... pero recordad una cosa: él es un tipo normal, como cualquier otro, que no sabía a dónde llegaría, que simplemente se propuso salir de casa con su bici a ver qué pasaba, que no había entrenado antes, y que ahora tiene los ojos llenos de chispas por todas las historias que tiene que contar.

http://franckenvadrouille.com/


Típico mercado de Mysore.


Curiosidades:

El truco más común en Mysore es que se te acerque un tipo muy simpático y te cuente que al parecer en Mysore la marihuana es legal y que hay coffee shops como los de Amsterdam, en los que además hay máquinas especiales que sacan un aceite de la planta que luego se unta en los cigarros. Nosotros caímos en la trampa, ya que sentíamos curiosidad por la famosa máquina, y nos dejamos llevar hacia los supuestos coffee shops... claro que por el camino, pasamos por un montón de tiendas de los amigos del tipo este en las que podíamos comprar incienso de verdad (te mostraban incluso cómo lo hacían) y aceites esenciales (que son muy característicos de esta ciudad), eso sí, a unos precios algo exagerados ya que se trata de tiendas de amigos de este tipo al que después deben pagar una comisión por haberte llevado a ellas... en fin, que tras varias paradas y tras mucho insistir en que no queríamos comprar nada y que lo único que queríamos era ver la famosa máquina, por fin nos llevó a una casa normal y corriente, donde al entrar nos encontramos con una de las hijas de la familia que estaba sentada en el suelo haciendo incienso, que nos intentaron de nuevo vender, tras ella estaba el hermano que tenía una colección increíble de aceites esenciales expuestos bajo la foto del abuelo y que también nos intentaron vender, todo esto mientras la madre y la otra hija hacían la comida en la cocina... así que intentando no ser bordes pero a la vez dejando claro que no queríamos comprar nada de esto sino que sólo queríamos ver la máquina, por fin nos metieron en un cuartito, el del hijo, donde nos sentaron en una cama y nos entregaron un papel con una lista con todos los aceites esenciales que se podían comprar y que volvían a estar expuestos ahí en la mesita de la habitación... ya cuando nos estábamos empezando a mosquear porque tras varias horas aún no habíamos logrado ver la famosa máquina para convertir la maría en un aceite especial, apareció otro turista en la habitación al que también habían engañado con el mismo truco, un alemán muy majete (Thilo) con el que acabamos pasando el resto de nuestros días en Mysore.



Cena con Thilo, el alemán al que conocimos en medio del típico engaño de Mysore: con la excusa de enseñarte una máquina especial, te llevan a una casa donde sólo quieren venderte hash.

En fin que esto es lo que ocurre muy a menudo en la India, que te llevan con un pretexto que creen que te va a enganchar a donde ellos quieren que vayas y son tan pesados y tan majos que esperan que así acabes comprando algo. No es que sea peligroso, que no lo es en absoluto, pero sí que es una pérdida de tiempo si es que llevas prisa, aunque si no la llevas la verdad es que es una experiencia, porque imaginaros la situación tan subrealista: 3 turistas sentados en una camita enana dentro de un cuarto chiquitín frente a 3 indios (nuestro gancho, el del alemán y el dueño de la habitación) intentando que nos muestren algo que no existe, mientras ellos intentan por todos los medios liarnos para que compremos algo, además que normalmente te ofrecen té y son muy simpáticos y amables y claro te da palo ser borde, pero una vez que sabes cómo son tienes que aprender a no dejarte llevar por sus trucos o a disfrutar y reírte con ellos, que es lo que hicimos nosotros en esta ocasión. Así que al final logramos dejar la casa tras constatar que la famosa máquina de maría no existía y que como mucho podíamos comprar algo de marihuana de muy muy mala calidad, que por supuesto no compramos, y después nos enteramos además de que la marihuana no es legal en Mysore y de que algunos indios lo que hacen es vendértela y después llamar a la policía que te detiene te cobra una multa y les da una parte a los que te vendieron y denunciaron.



Vendedor de aceites esenciales, algo muy típico de Mysore.