Thursday, November 08, 2012

ILHA DE MOZAMBIQUE

12.08.12 - 19.08.12



Callejuelas de la zona de piedra (Stone Town) de Ilha de Mozambique.
 
Bien de mañana de nuevo, dejamos Ibo en uno de esos barquitos que van cargados cual pateras para llegar casi al continente, y digo casi porque debido a la marea nos tuvo que venir a recoger un bote-taxi para acercarnos hasta la orilla. 


Botes-taxi.

PEMBA
12.08.12 - 14.08.12
Unas 4 h en chapa hasta Pemba, fácil si vas en el asiento del copiloto, jajaja. Flipamos con los precios del alojamiento aquí pero es que, según nos contaron, desde que se ha encontrado gas en la zona ha venido un montón de gente a currar y todo se ha encarecido mucho además de volverse más peligroso, por lo que te aconsejan no salir de noche solo con cosas de valor, y menos si estás en la zona de la playa que nosotras la verdad no pisamos porque teníamos 1 día en Pemba que queríamos utilizar para hacer papeleos, conectarnos a Internet y comprar vuelos a Dar es Salaam… sí, son caros, pero es que ni de coña íbamos a perder el tiempo subiendo otra vez por tierra y tuvimos suerte porque aún quedaban plazas en uno de los 2 vuelos semanales que une ambos lugares.


Las famosas "chapas" mozambicanas: esos camiones abiertos que muchas veces no tienen ni techo.
Una pena porque las playas de Pemba son impresionantes y su mundo submarino también, pero preferimos salir cuanto antes porque, desgraciadamente, no nos quedaban muchos días de viaje. Así que, una vez resuelto nuestro regreso a Tanzania, partimos de nuevo a las ¡¡¡4.00 am!!! en un bus hacia Nacala que, en lugar de las 5h que decían, nos dejó 8h más tarde en el cruce de Monapo donde enlazamos con una chapa que llegó sobre las 14.30 a la encantadora Ilha de Mozambique. 

Vistas desde Ilha de Mozambique con la marea baja.

ILHA DE MOZAMBIQUE
14.08.12 - 19.08.12
A pesar de ser más pequeña (la isla mide 3 km de largo y 500 m en su parte más ancha), Ilha cuenta con más habitantes (18000) y más turistas que Ibo, quizás por su cercanía al continente y al puente de unos 3.5 km que se construyó allá por los años 60 para unir ambos. 

Puente de 3.5 km que conecta Ilha con el continente.

Aún así, Ilha sigue siendo un lugar de relax, patrimonio de la humanidad por su preciosa Stone Town, formada por casas coloniales portuguesas en mejor estado que las de Ibo. Se ve más vida en Ilha, más bares, más hostales, más ambiente y eso hay gente a la que no le gusta tanto, pero nosotras pasamos unos días muy contentas ahí, paseando por las callecitas de arena, tomando algo en los bares locales o para "mzungus", charlando con los extranjeros que conocimos y aprovechando para hacer alguna que otra excursión en barco por los alrededores. 


De excursión en barco (dhow) por los alrededores de Ilha de Mozambique.

Flipamos con la cantidad de españoles que había, con los que nos reunimos a comer una deliciosa paella en casa de María José, catalana que nos contó que después de visitar la Ilha de vacaciones se enamoró del lugar y decidió dejarlo todo para empezar aquí una nueva vida con su hija, Cristina. Una pasada su casa, la verdad, preciosa aunque, para comprarla, tuvo que buscarse un socio local a cuyo nombre está el 51% de la propiedad, cosa que no es obligatoria fuera de Ilha, por eso Cris se compó una paiota (casa típica africana) en el continente. La verdad es que ellas están felices, montando una pequeña ONG y disfrutando de otro ritmo y otra vida que la que nos impone la sociedad en occidente. 

Españoles disfrutando de una riquísima paella en casa de María José.

Esto es una de las cosas que más me ha chocado durante el viaje, la cantidad de extranjeros que dejan todo para, con un par de narices, irse a vivir a un lugar tan diferente. ¡Qué envidia! Ojalá tuviera yo el valor para dejar todo y mudarme a un sitio donde se vive el presente, donde no se habla de la crisis y no te meten miedo constante en el cuerpo con las noticias… pero bueno, quizás algún día reúna el coraje para hacerlo, ¡no te asustes mamá que seguro que sería súper feliz! 

Feliz, de compras en Carrusca.

Paseando por la isla disfrutamos de los simpáticos lugareños que en cuanto sacabas una cámara en seguida querían que les hicieras fotos, posaban para ti y llamaban a sus colegas… ¡¡¡menudos corros de gente se me han hecho en Ilha!!! Todos felices al ver sus caras en la cámara, las mujeres sonrientes y los niños gritando como locos, cosa que ocurre en la parte de Stone Town, más turística, donde los chavales van incluso vestidos en plan moderno lo cual contrasta con las personas mayores que son más tradicionales.


Ancianos y niños, todos sonríen en Ilha.

Pero también en la menos visitada zona de "macuti", donde me metí un día a dar una vuelta y no pude avanzar más que un par de calles, primero bailé con un montón de niños que me hicieron corro, luego unas sonrientes mujeres me enseñaron cómo preparaban unos bollos que me dieron a probar y por cierto estaban riquísimos y por último un hombre me invitó a su casa, familia de sastres donde bajo una pequeña bombilla cosían 5 jóvenes, uno de los cuales quisieron casar conmigo. Mi enamorado de Ilha, un chico bien tímido que se sonrojaba al proponerme ser su esposa. 

Un grupo de mujeres cocinando en el exterior de su casa de "macuti" de Ilha, felices de que les hiciera fotos, insistían en que probara la comida que estaban preparando.
Interior de la casa de sastres a la que fui invitada en el "macuti" de Ilha y de la que salí con un tímido pretendiente (el de amarillo) con el que querían casarme.
Muy dulces todos, la verdad, una vida muy tranquila y feliz, porque lo que más me sorprende de allá es que la mayoría de la gente a pesar de ser pobre tienen siempre una sonrisa en la boca. 

Se hace difícil pasear por el "macuti" de Ilha, porque se hace un corro de gente alrededor que quieren hablar contigo o hacerse fotos o bailar.
Desde Ilha hicimos también alguna excursión en barco, a la famosa Cabecera Pequena, donde hay una increíble laguna que se forma al bajar la marea, quedando atrapados los peces en ella unas horas, ideal para hacer snorkell; encontramos además a unos chavales que trabajaban el coral para, después de quemarlo, hacer con él la pasta que se usa en las pagodas; paseando por el pueblo de pronto vimos una pizarra bajo un árbol y al preguntar a los niños nos dijeron que estaban… ¡esperando al profesor! Esa era la escuela del lugar. 

Hombres trabajando el coral para convertirlo en material para sus casas.

Escuela al aire libre de Cabecera Pequena.

De Cabecera Pequena partimos hacia Carrusca, una playa increíble donde aprovechamos para comer la langosta más grande que he comido en mi vida. Una excursión bonita, un día diferente, una vida tan distinta.

Comiendo una deliciosa langosta gigante en Carrusca con nuestros amigos los italianos, un ejemplo a seguir por su forma de vivir la vida, viajar con la mochila a la espalda y disfrutar de cada momento, además de por su incomparable amabilidad que veréis en otra entrada.

Así de grandes son las langostas de acá.

CURIOSIDADES:

Por fin terminó el ramadán, que estuvo acompañándonos durante un mes. En Ilha vivíamos en casa de una familia musulmana que el día antes de la gran fiesta de fin de Ramadán (Eid al-Fitr) trajo al patio un par de cabras que, ante mi sorpresa, sacrificaron delante de mis ojos: de pronto el padre de familia  saca un cuchillo, reza unas palabras y, mientras sus hijos sujetan a la cabra, de un buen tajo le corta el cuello. Flipé por todo: por la sangre fría a la hora de degollar a la cabra que gritaba, por la explicación del hijo que me miró irónico y me dijo que nosotros comíamos carne pero no queríamos enfrentarnos a la muerte y por el hecho científico de que la cabra siguiera pataleando durante al menos 3 minutos a pesar de que debía estar muerta.

Tras rezar con el cuchillo en mano, el padre de la casa donde nos alojábamos degolla a la cabra que ha comprado para festejar el Eid, la fiesta del fin de Ramadán.

Tuesday, September 18, 2012

LAS QUIRIMBAS (NORTE DE MOZAMBIQUE)

05.08.12 - 12.08.12

Rolas, una de las preciosas islas de las Quirimbas 

Tras la aventura de cruzar la frontera, tomamos un bus que nos llevó por caminos de tierra roja hasta Mocimba da Praia. Lo primero que pensé de este nuevo país fue que, a pesar de que supuestamente es más pobre que Tanzania, todo parece en mejor estado: los pueblos más organizados y limpios y las “carreteras” también de arena pero sin tantos agujeros que te hacen botar constantemente. Lo cierto es que nos gustó Mozambique desde el primer momento sobre todo porque, al haber muy poco turismo lo que hace que el viajar por el país resulte bastante complejo, los lugareños se emocionan al verte y enseguida quieren que les hagas fotos, te sonríen y hablan con esa dulzura característica del portugués, que aquí domina casi todo el mundo, por lo que con un poco de portuñol te puedes entender con la gente.


Aldea mozambicana


MOCIMBA DA PRAIA
05.08.12 - 07.08.12
Mocimba da Praia es un pueblecito costero con encanto donde todo el mundo te saluda por la calle y quiere que te sientes a tomar una cerveza con ellos. Eso sí, al que viaje a este país le recomiendo un buen saco de paciencia, porque todo va a otro ritmo, con sonrisas sí, pero a otro ritmo.

Los caminos por los que pasa el bus se llenan de mujeres acarreando leña sobre sus cabezas.

 Una pena que no pudiera disfrutar de este lugar porque, según llegué, enfermé: pasé la noche entera vomitando, agarrada al cubo del baño, preocupada porque cuando enfermas lejos de casa te entran todo tipo de paranoias, así que según amaneció nos fuimos corriendo al hospital para que me hicieran el test de malaria… tuvimos suerte porque en Mocimba da Praia había hospital, algo que sólo puedes encontrar en algunas zonas de Mozambique, motivo por el cual se considera fatal a la malaria porque, aunque el tratamiento para esta enfermedad es muy efectivo, lo difícil es llegar desde la zona rural hasta el hospital, y mucha gente muere en el camino.

Nuestra habitación en Mozimba da Praia, donde pasé horas enferma en la cama.
Me convertí en la atracción del lugar, esa “mzungu” con la cara verde en medio de un montón de lugareños que me sonreían empáticos y que saltaron rápidos a sujetar mi cabeza cuando me puse a vomitar por encima de la barandilla del hospital, menudo show, jajaja, menos mal que me atendieron en seguida para darme la buena noticia de que no tenía malaria, me recetaron unas pastillas que compré ahí mismo y que nunca tomé, porque preferí pasar el mal trago a base de agua y homeopatía y lo cierto es que me recuperé tan rápido que esa misma noche pudimos levantarnos a las 3 am, no porque estuviéramos locas, no, sino porque en este extraño país todos los buses salen entre las 3 y las 4 am, y nunca sabes exactamente la hora, así que hay que estar sobre las 3 para ver cuándo pasa el bus que, una vez te recoge, da cientos de vueltas por la ciudad hasta conseguir suficientes pasajeros para el viaje.

Bus mozambicano: horas y horas compartiendo viaje con los amables lugareños, sus crianzas y sus gallinas.
Es duro viajar por Mozambique, por los madrugones que te tienes que dar y por lo lento que se hace viajar aunque lo cierto es que es una bonita experiencia: amanece poco a poco, las familias comienzan el día frente a las casitas de adobe y techo de paja, los caminos rojos empiezan a llenarse de mujeres acarreando leña sobre la cabeza, los niños corren de las casas a saludarte y cada vez que el bus para a coger o dejar viajeros, las ventanas son acosadas por  manos que ofrecen tomates, pimientos, cassavas, lechugas, gallinas, pescado, maíz, cocacola, agua, galletas… muchas veces son niños los que hacen este trabajo, niños que no pueden ir a la escuela a aprender, sino que ya desde pequeñitos están buscándose la vida y ayudando a la familia a salir adelante. Largos viajes, en los que no sólo disfrutas del paisaje sino de la compañía en el bus que va parando a recoger viajeros que al principio te miran tímidos pero que, en cuanto pueden, te preguntan por tu vida.


Niños que se acercan a la ventana a vender lo que cultivan. 

ARCHIPIÉLAGO DE LAS QUIRIMBAS
07.08.12 - 12.08.12
Las Quirimbas, precioso conjunto de unas 35 islas de postal en el que uno podría pasar románticos meses navegando en los ancestrales dhows de vela para descubrir cada una de ellas.

Desierta isla de Rolas.
 

Ibo

Es la isla más conocida, de ambiente muy relajado con tan sólo 4000 habitantes en 42 km2, donde te encuentras algún que otro turista despistado que ha podido llegar con estilo, en avión o, como hicimos nostras, sufriendo un laaaargo viaje de unas 11h que comenzó a las 3.30 am en Mocimba da Praia, con un bus que nos dejó en un cruce en mitad de la nada (29 de Otubro) sobre las 9 am, donde una hora más tarde pudimos saltar a la parte de atrás de una chapa (camioneta en la que amontonan a la gente y sus equipajes en el “maletero” abierto) que nos llevó, con gran dolor de posaderas, tras 4h de saltos por caminos de tierra hasta Tandanhangue, un pequeño pueblo de donde sale un barquito a una hora determinada por la marea.

Viajando en chapa, camioneta abierta donde tienes que agarrarte para no caer en los baches del camino y de la cual sales marrón de todo el polvo que tragas.

Por fin, rotas del largo y difícil día, llegamos a Ibo sobre las 17 y, sinceramente… ¡mereció la pena! Qué sitio más relajado y mágico, el lugar ideal para perderte del mundo y pasar unos días en los que el tiempo parece congelado y es que, según recorres la isla, te sientes como en un libro de García Márquez, viviendo otra época al pasear por sus callecitas de arena respondiendo al dulce “Bon día” de los lugareños sentados a la sombra de sus casas de tipo colonial portugués algo decadentes: la pintura desconchada, algunas con enredaderas que cubren las fachadas, otras en ruinas. Además se puede visitar la histórica Fortaleza de Sao Joao Batista, entre cuyas paredes en forma de estrella encerraban los portugueses a los esclavos antes de mandarlos a occidente y observar a los artesanos de la plata, que llevan desde el siglo VI con las mismas técnicas trabajando la plata para hacer auténticas filigranas con supuestas monedas antiguas fundidas.

Un platero fundiendo la plata con un soplete manual.

El tiempo pasa sin darte cuenta, porque se hace de noche bien pronto (a las 17.30) y porque lo pasas charlando con los amables lugareños en portuñol o tomando unas birras con la pequeña comunidad de extranjeros que llevan los 3 preciosos hoteles que hay y que son como una familia bien avenida. Ibo, la isla del relax y buen rollo la llamaría yo, de la que se hace difícil marchar.

Calles de Ibo


Quirimba
En toda esta zona africana la vida parece regirse por las mareas… ¡ayyyy qué madrugones nos hemos metido! Pero bueno, como el día es tan corto en realidad lo agradeces. Madrugamos para visitar la vecina isla Quirimba, una aventura de viaje que ha de hacerse con marea alta si se quiere ir en barco, un barco chiquitín de vela en el que pasamos casi 3 h porque ese día no soplaba ni una brizna de viento, así que el capitán tenía que usar 2 palos que clavaba en el fondo para propulsar el barco, pero aún así encayamos entre los manglares y tuvimos que bajarnos a empujar, jajaja.


Típico bote (dhow) de esta zona, que hace uso de los palos para moverse por zonas de bajas aguas.

De pronto, al salir de los manglares, aparece Quirimba: sus palmeras se levantan sobre las cristalinas aguas y las garzas se acercan a saludar. ¡Qué pasada de sitio! Una preciosa isla donde hay una aldea africana total, con casitas tipo paiota: paredes de matape (arena de playa con piedra coralina) y tejados de macuti (hoja de palmera), en cuyos porches se sientan a charlar los lugareños en macúa (idioma típico de acá similar al swahili).  

Secando pescado en la aldea de la isla Quirimba.

Interesante el paseo por el pueblo: nos seguían los niños como al flautista de Hamelin, cruzamos pozos cuyas aguas acarrean a sus casas en cubos en equilibrio sobre sus cabezas y provoqué un gran corro y unas buenas risas cuando me uní a unas mujeres que molían el maíz con dos grandes palos que golpeaban con ritmo en un gran cuenco de barro, lo intenté pero no es tan fácil como parece...

Moliendo maíz, Quirimba.

Pero me da igual hacer el ridículo, me gusta interaccionar con los lugareños, tanto que cuando me encontré con unas jóvenes que llevaban la cara pintada con “muciro” (una pasta blanca que sacan de la raíz de un árbol y que usan como mascarilla contra el sol) no me conformé con charlar un rato y hacer unas fotos, no, sino que acabé bailando con ellas entre risotadas y cánticos, y es que eso es una de las cosas que más me gusta de África, el ritmo y la alegría de la gente, que en seguida se ponen a bailar y cantar.

"Muciro", pasta blanca que sacan de la raíz de un árbol y que sirve para protegerse del sol.

Después de pasear por la aldea, comimos en el único restaurante-guesthouse que hay en el lugar y que no parece ser utilizado muy a menudo. Riquísima la comida que tuvimos casi dejar en el plato porque nuestro guía nos azuzó para marchar antes de que subiera la marea… y es que aquí es VITAL conocer bien las mareas, sobre todo  cuando ante nosotros teníamos LA GRAN AVENTURA de… ¡¡¡volver a pie!!! Y es que al bajar la marea ambas islas quedan unidas por diferentes pantallas de Super Mario:
-       Pantalla 1 - Canales: zona donde, al bajar la marea, ha quedado arena al descubierto. Pantalla que resultaría muy fácil si no fuera porque hay un par de canales, que son zonas más profundas en las que aún hay agua… y claro, para alguien no muy alto, como yo, se llega a pasar mal sobretodo en los puntos donde el agua te llega… ¡por el cuello! Joder qué agobio con la ropa y las cámaras, menos mal que nuestro guía cogió mi mochila con mis cosas y las cruzó sobre su cabeza, porque si no se me podría haber mojado todo.
-      Pantalla 2 - Manglares: lo peor de esta pantalla es, sin lugar a dudas, los millones de mosquitos que te comen vivo. Por lo demás es bastante agradable, porque hay sombra y es bonita, con el suelo lleno de conchas y cangrejos aunque hay que tener especial cuidado en algunas zonas de resbaloso barro.
-       Pantalla 3 – El río: no es un río profundo, no, sino un poco de agua que se pasa saltando de piedra en piedra, siempre mirando abajo con cuidado de no escurrirse y romperse la crisma.

Cruzando los manglares.

¡Vaya día! Fue una excursión desde luego inolvidable que recomiendo a cualquiera que vaya por ahí.

Rolas y Matemo 

Otra excursión de un día que hicimos fue a estas dos increíbles islas.
Rolas, isla desierta a la que llegamos justo 5 minutos antes de que estallara una tormenta tropical de la que pudimos guarecernos en unas pequeñas casitas que tienen ahí los pescadores para secar pescado. No hay ni árboles en Rolas, sólo blanca arena y aguas turquesas. Un sitio precioso, en el que dejamos a 2 parejas que iban con tienda y comida para pasar allí la noche.


Barco de pescadores en la desierta isla de Rolas.

De nuevo azuzados por el capitán del barco, que nos avisó de que o salíamos ya por la marea, el viento y las corrientes o nos quedábamos ahí a dormir, cruzamos a la isla de enfrente, Matemo, algo más grande que Rolas y más rollo postal por las palmeras que cubren su costa. Una preciosidad en la que no hay mucho más que hacer que tumbarse al sol y hacer snorkell, bueno también hay un pueblo al parecer que no visitamos y un camping para los que no pueden permitirse los 500 dólares la noche en el resort al que llegan en avioneta privada los ricos italianos que parecen poblar este complejo.

Lugareños camino de Matemo, a pie porque el barco no llega más allá.

Nos faltaron muchas islas por conocer, pero nuestro paso por las Quirimbas fue inolvidable. Si podéis, no lo dudéis, id a conocerlas.

CURIOSIDADES

En Ibo no hay más que 3 lugares donde alojarse, todos preciosos la verdad: el Mitimiwiri (donde nos quedamos nosotras), el 5 Portas y el Ibo Lodge, en todos los precios se pueden negociar ya que el turismo está bastante flojo, aunque conviene reservar porque hay quien llega y está todo lleno, claro que para eso está la pequeña comunidad de extranjeros de Ibo, los que gestionan los hoteles, que se llevan muy bien entre ellos y siempre intentan echarte una mano y encontrarte dónde dormir, incluso en unas cabañas más baratas que hay o en casa de un francés que tiene un restaurante allá donde se come de muerte, aunque lo cierto es que la comida es deliciosa también en el restaurante local, donde la señora prepara enormes y deliciosos cangrejos que recojen en los manglares, aunque OJO con el piripiri, que es la salsa que usan aquí bien cargadita de chile.

Mitimiwiri
Así que gran parte de nuestro tiempo lo pasamos con Benjamín, que pasó de ser el famoso "mamón" de la canción de Hombres G (que acabó por cierto casado con la chica que le robó al Summers) a dejar todo para empezar una vida en África donde curra como encargado del 5 Portas. Un encantador canario que además de cocinar de miedo nos ayudó en todo lo que necesitamos y nos explicó gran parte de las costumbres de este lado de África, como que al parecer las chicas aquí esperan que los chicos les den dinero cuando se acuestan con ellos... no, según nos explicaban los lugareños, no son prostitutas, es que es lo normal.


Con Benjarmín y el personal del 5 Portas, disfrutando de uno de sus deliciosos platos.



Saturday, August 18, 2012

MAFIA Y SUR DE TANZANIA

28.07.12 - 05.08.12
Queríamos llegar a Mozambique por carretera así que decidimos bajar poco a poco por la costa tanzana para cruzar al país vecino por una de las fronteras más extrañas que he pasado jamás.


MAFIA
29.07.12 - 01.08.12

Isla de Mafia
Isla algo “exclusiva" ya que es un parque natural al que se llega normalmente en avión y sólo algunos osados se atreven por tierra… y es que el viaje es algo aventura: salimos de Dar apretadas en un dalla-dalla, transporte típico del país que consiste en una mini-furgo que va parando por el camino cada vez que alguien levanta la mano, y tú piensas “ni de coña”, pero sí, de alguna forma se hace sitio para el nuevo viajero y su equipaje que a veces incluye alguna que otra gallina… menos mal que pillamos sitio para sentarnos y pudimos disfrutar de las vistas, y es que la última hora, de las 3 que se tarda, es preciosa porque vas por caminos de tierra roja rodeados de palmeras que pasan por pequeños pueblos o casas en medio de la nada donde vive alguna familia cuyos niños te miran con los ojos como platos porque seguramente eres el primer “msungu” (literalmente “hombre blanco”, algo que te gritan todos los lugareños en esta parte de África) que ven y para ellos eres casi un extraterrestre. 


Mujer en la parada del bus de Dar

Como salimos tarde de Dar, llegamos a Nyamisati y ya no había barco, así que tuvimos que pasar una noche en este pequeño pueblo a la orilla de un precioso delta, donde hay pocos turistas y casi ningún lugareño habla inglés, un lugar muy tranquilo de casitas de adobe marrón donde hay al menos 2 “hostales” que son en realidad casas de familias en las que tienen cuartos de lo más básico, pero al menos tuvimos cama donde dormir.

Mujer en un pueblo de camino a Mafia
Al día siguiente continuamos viaje en el único barco que hay al día entre estos dos puntos y que se llena hasta arriba de lugareños que han de cruzar los 30 km que separan ambos lugares. Cuando por fin, 4 h más tarde y completamente empapadas, llegamos a la famosa isla de Mafia, nos fuimos a sacar dinero al único cajero que hay en la isla y… nuestro gozo en un pozo, porque sólo funciona con tarjetas locales… menos mal que el encargado del único alojamiento “budget” (unas preciosas cabañas entre palmerales que dan a una playa entre manglares) del lugar nos hizo descuento y logró que no nos cobraran los 20 $ que cuesta cada día en parque natural porque si no habríamos tenido que marchar antes de este precioso lugar. 

Bote que lleva a Mafia desde Nyamisati
Utende es un bonito pueblecito muy tranquilo de encantadores lugareños cuyos caminos de rojo intenso van a dar a una playa ocupada por unos 4 bonitos, aunque nada baratos, complejos donde alojarte. Las playas de Mafia no son tan espectaculares como las de Zanzíbar, pero el encanto del lugar es tanto su tranquila vida local como su increíble mundo submarino que nosotras exploramos con los simpáticos divers de BigBlu, flipando con los preciosos arrecifes de coral y los miles de peces que hay, aunque supongo que su máximo atractivo son los tiburones-ballena que llegan a la isla normalmente en otoño.

Por Utende
El turismo en la isla, al ser éste un lugar no muy barato y de difícil acceso si no es por avión, es bastante reducido, lo cual evita su masificación y mantiene así la atmósfera tranquila y local del parque natural. Un paraíso para aquellos que quieran escapar de todo que nosotras disfrutamos durante unos días.

En las playas de Mafia
SUR DE TANZANIA
01.08.12 - 04.08.12
Nunca nos imaginamos que llegar a la frontera con Mozambique nos fuera a costar tanto y es que el sur de Tanzania es bastante menos turístico que el norte, por lo que viajar por acá se complica bastante.

Dalla-dalla a Mikande
Salimos de Mafia con el barco por la mañana y de Nyamisati cogimos un dalla-dalla al cruce con la carretera principal, esperando bajo la sombra de un árbol a que pasara el bus que va de Dar al sur (Mtwara) rodeada de amables lugareños que nos confundían con informaciones diferentes: que si el bus pasaba todo el rato, que si pasaría entre la 1 y las 2, que si ya no pasaba hasta mañana… todo esto por supuesto lo dedujimos tras mucho esfuerzo ayudadas por gestos y el poco swahili que conocemos, ya que en las zonas rurales la gente no habla inglés, idioma oficial de Tanzania que se aprende en la secundaria, así que cuando por fin encontramos a un profesor que nos confirmó que el bus pasaría al día siguiente decidimos dejar las mochilas y pasar el día en Bungu, que así se llama el pueblo donde no deben estar acostumbrados a ver muchos “msungu” porque en cuanto salimos a cenar se nos hizo un corro de niños que no podían quitarnos el ojo de encima.

Niños observándome, Mikindane

Al día siguiente fuimos al cruce a las 10 am con la mosca detrás de la oreja porque no nos cuadraba la info de la guía (el bus salía de Dar a las 6 am) con la que nos habían dado y, tras esperar unas horas bajo la sombra del árbol, llegó el profe que, para nuestra sorpresa y mosqueo, nos dice “pero ¿cómo habéis llegado tan tarde? El bus pasó a las 7 am” mira, yo creía que le matábamos, pero ¡¡¡si él mismo nos dijo que pasaba a la 1 o las 2!!!... una confusión que hemos tardado una semana en aclarar: al parecer en Tanzania cuentan las horas a partir de las 6 am, así las 7 am es la hora 1 y las 8 am la hora 2, etc. Muy fuerte.
Mujeres esperando al bus, tierras rojas y botella gigante de coca-cola

Total que desesperadas cogimos el primer dalla-dalla que pasaba con la suerte de que en la siguiente “ciudad”, Ikiwiri, encontramos un bus repostando que, aunque no llegaba a Mtwara, sí que nos podía acercar unas 6 h más al sur. El viaje fue duro  porque, aunque el bus era grande, estaba lleno y a mí el conductor tuvo que hacerme un hueco en una colchoneta junto a la caja de cambios que, aunque blandita, no tenía respaldo y lo cierto es que no había carretera tampoco, sino un camino de arena lleno de baches que te hacían botar varios metros. Pero felices por haber salido de Bungu llegamos al bonito pueblo costero de Lindi, donde la gente es muy afable y en seguida quieren hacerse fotos contigo y charlar un rato y es que, como hay una universidad, muchos lugareños hablan inglés y hay ambiente de fiesta: todas las noches los locales se reúnen a tomar unas birras en un bar en la playa. 

Mujer en Lindi
Como estábamos cansadas del viaje, nos tomamos el día siguiente relajadamente: paseamos por Lindi, utilizamos Internet y ya por la tarde seguimos camino a Mtwara, la última gran ciudad del sur antes de la frontera con Mozambique donde, tras dormir unas horas, nos levantamos pronto para pillar el dalla-dalla a la frontera para descubrir que, de nuevo, a las 8 am llegábamos tarde… así que decidimos aprovechar para visitar un pueblo cercano, Mikindani, donde las casas de adobe se mezclan con antiguos caserones de piedra que una simpática familia nos invitó a visitar. Pasamos un buen rato con madre, abuela, hija, vecina y hermano "charlando" en el poco swahili que chapurreamos y el poco inglés que sabían ellos pero, cuando por fin llegó el marido de la casa, tuvo al despedirnos la desfachatez de pedirnos dinero para ayudarles con la comida, ¡ellos! que tenían un casoplón y buenos vestidos y joyas, yo flipo de verdad, es que te ven “msungu” y ya se creen que eres un dólar andante, no me mola nada.

Anciana de Mikindane
Total que visitamos el pueblo con todo el calor y en mitad del ramadán, mala combinación porque no había nada que comer y cuando por fin encontramos una tienda abierta donde comprar algo de bebida, nos hicieron escondernos para que nadie nos viera comer. Así que desfallecidas decidimos volver a Mtwara a comer algo, ya que sólo en algunos lugares rurales son tan radicales, en la mayoría de los sitios hay una mezcla de cristianos y musulmanes que conviven tranquilamente y nadie nunca se enfada si comes o bebes delante de ellos durante este mes de ramadán. Aprovechamos la tarde para acercarnos a la playa, donde conocimos a unas simpáticas cristianas que no paraban de beber birras para, por fin, salir a las 4 am hacia la frontera y llegar así a Mozambique.

En la playa de Mtwara

ODISEA CRUZANDO LA FRONTERA…
05.08.12
Más de 8 h de auténtica aventura (dalla-dalla que se quema + barco entre cocodrilos + a pie por los arenales + chapa koreano), así describiría yo este cruce de frontera, uno de los más extraños que he hecho en mi vida y es que en lugar de cruzar por el puente que hay varios cientos de kilómetros más al oeste, decidimos no dar esa vuelta y cruzar por la costa, donde nos dijeron que con el visado en mano era posible hacerlo.

Kilambo, puesto fronterizo entre Tanania y  Mozambique
El día comenzó a las 5 am, cuando nos levantamos para coger el dalla-dalla a Kilambo, donde se encuentra el puesto fronterizo del lado tanzano y a donde llegamos sobre las 8 am tras recorrer caminitos de tierra llenos de baches en los que casi quemamos el motor del dalla-dalla, de hecho tuvimos que parar a echar agua para parar los humos que salían del mismo.

Barquita que cruza el Rovuma, que separa Tanzania y Mozambique.

Una casita en mitad de la nada decorada con 3 banderas, en eso consistía este puesto fronterizo donde un par de policías te sellaban con tal parsimonia el pasaporte, que al final tardamos más de 1h en completar el trámite. Salimos de nuevo en el dalla-dalla hasta el ancho río Rovuma, que separa ambos países, de manera que primero has de cruzar el lado tanzano, escogiendo una de las 4 barquitas que avanzan gracias a dos palos que un par de chavales clavan en el fondo del río y que resulta bastante inestable, dejándonos con el corazón en vilo a cada balanceo ya que el río está lleno de cocodrilos. Durante la época seca hay que bajar del barco y cruzar un tramo a pie, unos 15 minutos andando por arena enlodada y aguas bajas por las que, nos tranquilizaron los lugareños, no hay cocodrilos ya que éstos sólo viven en las zonas más profundas del río... Y cuando por fin el río vuelve a ser profundo, viene un barquito mozambiqueño que, tras regatear sabiéndose él con la sartén por el mango, te acerca a la orilla del lado de Mozambique donde te esperan 50 chicos gritándote para que te subas a alguno de los transportes que hay para llevarte al puesto fronterizo y más allá, y que al parecer sólo salen por la mañana, de ahí que haya que salir tan pronto del lado tanzano porque si no te quedas aquí colgado sin saber qué hacer ni dónde dormir ya que, a parte de cocodrilos, aquí no hay nada de nada.


Cruzando la frontera entre Tanzania y Mozambique, a pie donde el caudal del Rovuma es muy bajo.

 Ya sobre las 11 llegamos al puesto fronterizo donde todos los que están el bus corren como locos a colocar sus maletas en fila para esperar pacientemente a que los policías de este lado te pongan el sello en el pasaporte, algo que hacen tan relajadamente que, aunque nos parecía imposible, tardaron más incluso que sus homólogos tanzanos.

Wellcome to Mozambique
Unas 4 h de viaje por este nuevo país que desde la ventana me pareció más arreglado que el sur de Tanzania: pueblecitos de casa de adobe, sí, pero mejor terminadas las de este lado y con más espacio limpio de vegetación entre ellas, lo cual daba aspecto más organizado. Los lugareños además parecen súper simpáticos: todos saludan al pasar el bus y posan encantados para las fotos, cosa que en Tanzania molesta a muchos.
Por fin, sobre las 14.30 llegamos a Mocimba da Praia, tras más de 8 h de aventura.

Típico pueblecito mozambicano de casas de adobe y techo de paja.
CURIOSIDADES
VISA
Rellenar los papeles para que nos dieran la visa para Mozambique, aunque parezca mentira, nos costó ¡¡¡más de 6h!!!, ja, y nos quejamos en España de la burocracia, bueno eso no es nada comparado con esto.
Paseando por los manglares de Mafia, relajadas porque teníamos ya la VISA en el bolsillo.
Tuvimos que entregar el certificado de que teníamos la vacuna contra la fiebre amarilla (como yo lo olvidé en España, tuve que ir al hospital donde me hicieron uno falso, jajajaja), una carta (escrita a máquina) sobre nuestras intenciones en Mozambique, una factura del banco que certificara que habíamos pagado los 45$ que cuesta la visa y que además hay que pagar en dólares así que tras sacar el dinero tuvimos que ir a una casa de cambio a conseguir los preciados dólares, ¡ah! y 2 fotos de pasaporte con el fondo azul. Con todo listo, por fin, nos dijeron que en 5 días tendríamos la famosa visa, fue por eso que decidimos irnos al norte a hacer un safari mientras. 
Nuestra casa en Mafia
Y menos mal que la hicimos en Dar porque mucha gente va directa a la frontera (que es una aventura de viaje y se tardan varios días en llegar) para tener que darse la vuelta porque no les dejan entrar.