Monday, May 11, 2015

Lhasa (Tibet)

Para ver mi selección de fotos de Tibet pincha aquí: Fotos de Tibet

LHASA

31.05 - 03.06 
Palacio de Potala, donde vivía el Dalai Lama hasta que, el 14º huyó a India en 1959 y el palacio se convirtió en un museo.


Siempre quise venir a Tibet y, por fin, aquí estaba, en su famosa capital Lhasa. Pero la emoción y las ganas de salir a recorrer la ciudad luchaban cada segundo con los horribles síntomas del infernal mal de altura. A unos 3490 m de altitud, es una de las ciudades más altas del mundo y eso... se nota. Pasamos ahí 3 días, el primero me costaba hasta moverme de la cama del hotel, el dolor de cabeza cuando me incorporaba era salvaje y tenía unas constantes ganas de vomitar pero, lo más extraño de todo, era el dolor de cuerpo que tuve todo el rato, como si hubiera hecho muchísimo ejercicio o fuera a tener gripe, me dolían todas las articulaciones, huesos, músculos… un placer vaya, que no tiene remedio más que bebiendo agua y agua y más agua, ya que aquí no hay planta de coca como en el altiplano peruano-boliviano.

Centro de Lhasa: la famosa Plaza de Barkhor con el iportante templo de Jokhong al fondo.

Quien haya, como yo, visto “7 años en el Tibet” seguro que tiene una visión romántica del famoso palacio de Potala, visión que queda hecha pedazos cuando se visita éste ya que:
-       No está en un entorno rural, sino que hay edificios con luminosos chinos alrededor.
-       No está vivo, es un museo del que se puede visitar sólo una parte, el resto no sabe nadie para qué se usa… secreto…

Palacio de Potala in situ... pierde ese aire romántico al estar rodeado de coches y luminosos chinos. Ah! Y los 3 rumanos con los que compartí el tour.

Una pena, porque según vas recorriendo el increíblemente precioso palacio y vas entrando en sus salas te vas a haciendo una idea de dónde crecieron tantos lamas y cuál pudo ser su vida en esta preciosa ciudadela de casas blancas con ventanas enmarcadas en negro. Un pasado fácil de imaginar pero que, tristemente, hoy en día no es más que una memoria de algo no tan lejano.

Uno de los edificios que componen el palacio-ciudad de Potala. Típico de la construcción tibetana: blanco con ventanas negras decoradas con enormes "cortinas" de tela de yak

Dentro del palacio-ciudad de Potala
Visitamos otro de los lugares más emblemáticos de Lhasa: el templo de Jokhang. El interior del templo, con sus tejados dorados y sus terrazas y telas negras y blancas, es bonito, aunque ese día tuve mala suerte: se me estropeó la cámara de fotos y tuve que dejarla en una tienda china donde me la arregló el técnico (menos mal! porque creí morir del susto, en Tibet y sin poder hacer fotos! me da algo) y, además, me encontraba fatal por el mal de altura y tuve que ir al baño corriendo en un par de ocasiones, así que poco puedo mostrar de este lugar.


Terraza dentro del templo de Jokhang 
Pero lo que más me llamó la atención de este templo, el más sagrado e importante de Tibet, fueron las decenas de tibetanos que se reunen ante la puerta del templo para rezar y postrarse sin pausa. Es muy fuerte ver cómo la plaza se llena de tibetanos que se pasan horas frente al templo rezando y postrándose: haciendo una especie de genuflexiones que consisten en llevar las manos (en forma de cuenco, donde está el Budha), al aire, después a la frente, de ahí a la boca, al pecho y entonces se lanzan al suelo hasta quedar completamente tumbados boca abajo para volver a levantarse y hacer lo mismo una y otra vez. Un ejercicio que yo también probé, causando la risa de un monje que se picó conmigo y al que no pude vencer porque cansa muchísimo, la verdad.

Tibetanos postrándose durante horas ante el templo de Jokhang

Este es el corazón de la Lhasa antigua, el conjunto de callejuelas que rodean al templo y que se llama Barkhor. Tanto lugareños como peregrinos que vienen de todo el país, se dedican a dar vueltas en sentido horario al mismo, cada vuelta es de 1 km y es muy bonito ver cómo la gente entona mantras budhistas o simplemente charla con sus amigos, mientras camina con sus pulseras de la oración en la mano (parecidas a rosarios) alrededor de este templo en las ancestrales calles que llevan a la famosa plaza de Barkhor que hoy en día, debido a la presencia de la policía china por todas partes, ha perdido su gloria del pasado. Y es que es aquí donde la mayor parte de las protestas contra la ocupación china han tenido lugar, llegando incluso algunos monjes budhistas a inmolarse, prendiéndose fuego a sí mismos. Por eso la plaza está, hoy en día, acordonada y para acceder a ella hay que pasar un control policial, policía que te vigila y regaña... a mí me levantaron del suelo donde estaba sentada haciendo fotos, porque estaba prohibido sentarse en él... muy fuerte.


Peregrinas por fin en Lhasa realizando una postración por cada paso que da en las callejuelas de Barkhor.


Pero más fuerte todavía es ver lejos de Lhasa a los peregrinos que van camino de la capital así, lanzándose al suelo a cada paso, recorriendo kilómetros y kilómetros desde sus casas, pudiendo tardar años en llegar aquí, con un acompañante que se adelanta y les prepara la comida y el alojamiento en una simple tienda. Wow, vaya gente, qué fuerza.


Peregrina postrándose por la carretera: un paso, una postración. Así desde... su casa!!! quién sabe a cuántos kilómetros y días, semanas meses o años de Lhasa.

Vimos a unos cuantos peregrinos por la carretera camino del monasterio de Ganden, que está a unos 36 km de Lhasa. Monasterio muy especial ya que es como una pequeña ciudad que está en la cima de una montaña a unos 4300 m de altura desde donde se puede ver todo el paisaje del Tibet rural de alrededor: montañas y montañas que rodean el “valle” donde está Lhasa.

Monasterio de Ganden, a unos 4300 m de altura

Preciosos rojos y blancos de las construcciones del monasterio de Ganden 

Fue uno de los 3 monasterios-universidades de Tibet, y había unos 6000 monjes estudiando, pero ahora quedan menos de 200. Triste, muy triste, la verdad, ahora estos estudios se pueden llevar a cabo en una reconstrucción del monasterio en Karnataka, India. Y mientras, el monasterio de Ganden va perdiendo estudiantes y vida. Algunos turistas, algunos monjes, algunos estudiantes... pero en general se nota vacío.
La vida en las callejuelas del casi abandonado Ganden


Simpático monje entonando las escrituras
Una auténtica pena ver cómo un lugar espectacular como este vive casi abandonado y cómo los ancestrales conocimientos que los tibetanos llevan pasando de generación en generación durante miles de años va poco a poco cayendo en el olvido debido a la represión china. Una cultura increíble la tibetana que el gobierno chino se empeña en destruir. Menos mal que al menos los refugiados tibetanos que han logrado salir del país, arriesgando sus vidas, siguen practicando su cultura allá donde les acogen, haciendo de sus pueblos o ciudades de refugiados unos pequeños Tibet, como pude comprobar en mi viaje por Nepal y por India (escribo sobre ello aquí: Mac Leod Ganj, donde vive el Dalai Lama en el Norte de la India; y Bylakuppe, en el sur)

Una de las salas del monasterio, vacía y sin usar, como tantas otras.

En el camino al monasterio paramos en un pueblecito donde corrí a hacer fotos a un yak que estaba en la puerta de una casa y un señor me llamó con una sonrisa y me invitó a  pasar dentro, me enseñó sus vacas y nos hicimos unas fotos con él y su hija y entonces… me pidió dinero… no se lo di porque ellos me llamaron e invitaron, es horrible sentirse como un dólar andante. De verdad que todo lo que queda cerca de Lhasa es así.


Tibetano rural en el patio de su casa, que tras invitarme a entrar y sonreír mucho para que me hiciera una foto con él, resultó querer dinero. Una pena.

Pero peor es la ciudad de Lhasa, donde tuve varios encontronazos con la gente, algo que me resultó muy difícil de llevar viniendo de Nepal donde es todo lo contrario:

-       Paseando por las callejuelas del centro, me encontré con un grupo de jóvenes muy cool, tibetanos con el pelo negro o bien con un corte trendy o bien con una larga trenza recogida en la cabeza con una piedra roja o un hueso de yak, y vestidos como estrellas de rock. Pues me miraban, decían cosas y se reían, pero me daba más la impresión de que se reían de mí que conmigo, y cuando intentaba relacionarme con ellos sentía un rechazo por su parte y cuando les hice alguna foto me llegaron a pedir dinero por ella.


Chavales muy cool y bordes en Lhasa

-       Caminando alrededor del templo siguiendo a los tibetanos, un hombre me sonrió y establecimos una comunicación sin palabras y le pedí hacerle una foto y el tipo encantado. Bueno pues al cabo de un rato apareció una señora tibetana por ahí que me dio un bastonazo!!! Flipo, porque no tenía nada que ver con él, no era su esposa ni nada, no cruzó palabra con él, sólo sacó su bastón y me atizó en la pierna.

Mi sonriente y enantador amigo tibetano

-       Me paré en la plaza de Barkhor a ver las hortalizas que vendían (me resultaba muy interesante ya que aquí no hay más que desierto excepto en algunas zonas del valle por donde pasa el río y hay algunos viveros) y unos hombres que vendían piedras se me acercaron a ver si les compraba algo, pero no quería, así que entre risas, como siempre, me intenté comunicar con ellos que empezaron a cerrar un círculo a mi alrededor y a reírse y de nuevo me sentí mal, algo que jamás me pasaría en Nepal, es una especie de intuición o sensación que te hace ver que lo que hablan entre ellos no es algo sin malicia. En ningún momento fueron agresivos pero no me sentí cómoda y me fui.

Mercado de verduras en las calles de Barkhor

Vendedores de piedras en Barkhor



Así que, en general, mi impresión sobre Lhasa no fue nada buena. Bonita, sí, pero no tiene una energía positiva, para nada. Quizás sea la opresión china que les haya llevado a este estado de desconfianza y cabreo internos, ciertamente debe ser muy difícil vivir así: con una constante vigilancia china (hay tanques recorriendo la ciudad, hombres armados hasta los dientes en cada calle), con una cultura oprimida que hace que decaiga, con familiares emigrados o en prisión, sin poder hablar libremente, sin poder salir del país, observando cada día como lo chino les va conquistando. Muy duro, sí, aunque no sé hasta qué punto también están los jóvenes perdiendo esa cultura budhista e intentando ser más occidentales, comprando el sueño americano.

Lo cierto es que este malestar viene por la ocupación y por eso y por lo injusta de la misma y por las vidas perdidas en el conflicto y por la amabilidad tibetana que he conocido en los campos de refugiados fuera de Tibet y por toda la cultura y conocimientos que están en peligro, repito aquí y ahora (donde no me encarcelan o expulsan del país por decirlo) FREE TIBET.


Visitando la sala de meditación del monasterio


Me llevo un triste recuerdo de Lhasa, una ciudad que siempre soñé con romanticismo.

Curiosidades

1) Por todo hay que pagar en Tibet: entras a un monasterio y hay que pagar, si haces fotos en una de sus habitaciones, pagas. Y si haces fotos en otra, vuelves a pagar. Es muy triste que todo sea por dinero.


Cajas de cartón donde recoger los yuanes que te piden por hacer fotos en cada sala.

Monje que corre en busca de quien ha hecho una foto para reclamar el dinero correspondiente.
2) Según sales de Lhasa encuentras edificios enormes en construcción, y es que el gobierno chino ofrece ventajas a los chinos para convencerles de que se vayan a vivir ahí y así lograr que cada vez el porcentaje de población tibetana sea menor que el de población china.
Mega urbanizaciones de estilo comunista, nada que ver con las construcciones tibetanas. Eso sí, cada farola con sus paneles solares, muy ecológico todo.

Edificios en construcción en Lhasa... mantienen ese estilo característico tibetano... claro. ¿Qué será de Lhasa en unos años? Estará tristemente irreconocible.
3) Aquí no se puede usar ni google ni gmail ni facebook!!! el gobierno chino lo tiene todo capado. 

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